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El pase a la final desencadena la locura en la plaza del Pilar en el España-Francia: "Esto hay que vivirlo y disfrutarlo"

10.600 aficionados se dan cita en el centro de la ciudad para seguir a través de varias pantallas gigantes la semifinal del Mundial

Vídeo | Miles de zaragozanos celebran la victoria de España contra Francia y el pase a la final del Mundial

Laura Trives

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Zaragoza

Un partido en competición internacional siempre se vive a flor de piel. La plaza del Pilar repite como escenario de las pantallas, esta vez dos en lugar de tres, pero se nota diferencia en el ambiente respecto al pasado viernes. Si bien había nerviosismo en el España-Bélgica del pasado viernes, no llegaba a las cotas de este martes. No es lo mismo perder en cuartos de final frente al país flamenco que en semifinales contra los galos. La proximidad a la gran cita del domingo 19 de julio, nada más y nada menos que una final mundialista, y sobre todo la rivalidad con el país vecino, agudizada en la capital maña (que se lo digan a María Agustín o José Palafox, por no mencionar a la Virgen del Pilar que ya ha dicho en numerosas ocasiones "que no quiere ser francesa"), hace que las uñas de algunos aficionados sufran más de lo normal.

El gusano metálico escupe una marea blanca y roja, la segunda equipación tiene más éxito, el resto de colores son secundarios. Una señal vial provisional en calle Alfonso I de prohibido el paso con la franja horizontal amarilla se asemeja a la bandera española. "Hasta las señales van con nosotros, esto sí que es una señal", pensarán algunos. Unos repiten: "Ya estuvimos contra Bélgica, nos encantó el ambiente y teníamos que volver", dice una chica rubia con pendientes de oro y la bandera rojigualda a sus hombros; otros se estrenan: "El otro día lo vimos en casa, pero, ¿has visto el ambiente? Esto hay que vivirlo y disfrutarlo", cuenta un joven de gafas y con la bandera atada a la cintura.

El rival en frente es duro, pero la afición zaragozana no le teme a nada: "Cero miedo", asevera un asistente con la cara entera pintada de rojo y amarillo, "Menos diez de miedo", le segunda su acompañante. Otros optan por fórmulas no tan contundentes: "Un poco", reconoce una aficionada con un abanico rojo y la primera equipación; "Miedo nunca, pero respeto, sí", contesta otro con la camiseta de la Eurocopa de 2008.

La fiesta empieza media hora antes que el otro día. A las 20:00 ya suena el himno oficioso de España para este Mundial: La Graciosa, de Quevedo. Pero la canción que más seguimiento tuvo en esta previa fue el Y que viva España de Manolo Escobar. Nada tienen que hacer estas canciones modernas con los clásicos. Desde el plano cenital que proporciona el balcón del Ayuntamiento se divisa una mancha azul en un lateral de la plaza, como si de Asterix, Obelix y la aldea gala rodeada del imperio rojo se tratase. La pitada a Mbappé fue monumental, casi tan alta en volumen como los vítores a Lamine Yamal. El minuto de silencio fue más de chistidos, mandándose callar unos a otros, que de silencio.

El pitido inicial se escucha duplicado, como todo el inicio de la retransmisión porque entran dos sonidos. Lo primero que se celebra es la ocasión fallado por Francia. Lo segundo, el penalti a Lamine Yamal y lo tercero, el gol de Oyarzabal. En la pausa de hidratación, con la emoción del gol recién anotado, alguno bebe de su vaso con sed de náufrago.

Con la jugada hilvanada por Olmo y Yamal que Fabián manda al lateral de la portería, los decibelios aumentan ‘in crescendo’ para alcanzar el clímax con un «¡Uyyy!» multitudinario. Así, se ha llegado a un descanso en el que rezumaba el optimismo en la afición zaragozana.

En el descanso, las bubucelas fueron una constante, entre mordisco y mordisco a los bocadillos. Tras él, la calma que precede a la tormenta. Nunca mejor dicho, porque el gol de Pedro Porro desencadenó precipitaciones en la plaza del Pilar de todo tipo de líquidos que dibujaban hélices en el aire al salir de las botellas que actuaban de aspersores. Otro levantó una silla a pulso con una mano, al estilo Alaba, y su compañero hizo lo propio con la nevera ¿Qué más da la bebida, la silla y la nevera cuando tienes medio pie en la final del Mundial? El maestro de ceremonias, David Aso, subió al balcón donde inició un diálogo con la afición: "Pedro", decía él; "Porro", le contestaban.

Después de eso, la tranquilidad que daba España en el juego se transmitía a los seguidores:apenas se protestó el gol anulado a Lamine Yamal y solo gritó con la entrada de Ferrán Torres,Mikel Merino, Marcos Llorente y Nico Williams. Los únicos minutos de nerviosismo solo se dieron en el tramo final del partido cuando Unai SImón en un mal despeje, dejó a la afición con el corazón en un puño. En el día de la fiesta nacional de Francia, hubo más fiesta en España, sobre todo en una plaza del Pilar abarrotada donde muchos de los 10.600 aficionados acabaron su noche de celebración en el Casco Antiguo.

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