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LA OPINIÓN DE ÁNGEL GINER

Plenitud de fuerza

Merlier entra vencedor en la etapa de Bergerac.

Merlier entra vencedor en la etapa de Bergerac. / EFE / YOAN VALAT

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Zaragoza

El mundo de los esprinters es un mundo especial. Nacidos para matar, están dispuestos también para morir -metafóricamente, claro- que es tanto como decir estar preparados para la caída, la montonera y el desastre total. El llegador tiene alma de kamikaze porque una vez que entra en ese territorio del esfuerzo máximo ya no puede salir. No tiene vía de escape.

Hay que terminar el momento culminante de la carrera con una capacidad infinita de superar el insoportable dolor que proviene del ácido láctico que impregna sus músculos. El llegador tiene también sus cómplices. Son los lanzadores, otros seres igualmente irrespetuosos con el destino y con la vida, que remolcan a su rey hasta dejarlo a un tiro de piedra de una raya blanca transversal llamada meta, para que en su cercanía se bata hasta la extenuación como un gladiador, contra todos sus rivales, otros individuos igualmente carentes de sensibilidad por la vida.

En ese duelo solamente recibe el honor y la gloria uno. Tim Merlier, el belga que declaró su amor a la bicicleta compitiendo en ciclocros, es un aventajado luchador de la arena. Está en forma. Cuando un esprinter goza de esa plenitud de fuerza, se convierte en un ser superior.

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