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LA OPINIÓN DE ÁNGEL GINER

El Tour es una gimkana

Toda Francia está llena de obstáculos de todo tipo que los ciclistas deben sortear a cada momento para salir ilesos

Jonas Vingegaard, durante este Tour de Francia.

Jonas Vingegaard, durante este Tour de Francia. / YOAN VALAT / EFE

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Zaragoza

Hace unos días bajaban el Tourmalet a cien kilómetros por hora sobre un neumático de 28 milímetros. En cualquier puerto se ponen a ochenta por hora pisando en las curvas la hierba que limita el asfalto del precipicio. Y no pasada. Pero ayer, en una maldita isleta de esas que embadurnan la carrera por miles, estaba la trampa para que el segundo mejor corredor de la carrera marchase camino del hospital, perdiendo toda opción para la competición.

El Tour se ha convertido en una peligrosa gimkana que se ha unido a las dificultades propias de la carrera, con capacidad para marcar destinos por encima de las montañas, las escapadas o la contrarreloj. Y no hay remedio, porque toda Francia está llena de obstáculos de todo tipo que los ciclistas deben sortear a cada momento para salir ilesos de ese infierno. Vingegaard fue ayer una víctima con repercusión, pero ¿cuántos acaban fuera de la carrera que no nos enteramos?

Las isletas forman parte del margen de incertidumbre que tiene la prueba fuera de cualquier ventaja deportiva. Pogacar, en homenaje a su rival danés, se abstuvo de inmiscuirse entre el contencioso de Del Toro y Evenepoel en la cima del fin de etapa, aun sabiendo de la ventaja del belga era notable. Otro gesto de magnanimidad bien disimulado aunque no pasó inadvertido. Pero había que estar allí y el belga llegó al punto de disputa por méritos propios tras un gran esfuerzo y una gran etapa. Lo merecía.

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