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LA OPINIÓN DE ÁNGEL GINER

Castrillo estuvo allí

Alcanzó la novena plaza con un tiempo extraordinario en un recorrido que le encajaba

Pablo Castrillo cruza la meta en la contrarreloj de este martes.

Pablo Castrillo cruza la meta en la contrarreloj de este martes. / GUILLAUME HORCAJUELO / EFE

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Zaragoza

Remco es actualmente campeón del mundo, de Europa y Olímpico en la especialidad de contrarreloj individual. Y ayer se alzó también con la victoria en la crono del Tour. Lo es todo en ese ámbito. Es un ser superdotado para esta modalidad en la que se lucha contra un enemigo invisible como es el cronómetro. No hay referencias. Solamente un proceso interno de dosificación del esfuerzo y de control de la posición sobre la bicicleta, pues todo desequilibrio se penaliza en segundos. Superó en medio minuto al líder Pogacar.

Ayer era el día de Bélgica. Una buena fecha para estimular el ánimo de este belga que ha venido al Tour más delgado que nunca. Sube como nunca y rueda como nunca. ¡Qué diferencia con el Remco de aquella Vuelta que ganó hace cuatro años en medio un sufrimiento supremo! Es hermoso recibir la felicitación de Pogacar. Los franceses esperaban con ansiedad una actuación efervescente de su “chou-chou” Paul Seixas, que lo hizo muy bien, pero no tanto para alcanzar las desmesuradas expectativas que los galos pusieron sobre el imberbe ciclista.

No pasó lo mismo con nuestro paisano Castrillo, que alcanzó la novena plaza con un tiempo extraordinario en un recorrido que le encajaba. Hubo momento Movistar. Con Pogacar superado, que no derrotado, ayer se recuperó un cierto gusto por la competencia en este Tour que se disputa bajo la dictadura del esloveno, aunque en determinados momentos no lo parezca.

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