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Ve y gana

La sublime actuación de Pogacar confirma que es un ser llegado del más allá

Pogacar celebra su victoria en la cima del Alpe d'huez.

Pogacar celebra su victoria en la cima del Alpe d'huez. / YOAN VALAT

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Ángel Giner

Zaragoza

En 1952 Fausto Coppi con una sublime victoria inauguró la meta de Alpe d´Huez en los caminos del Tour. Imposible mayor prestigio para una cima que se ha convertido en un símbolo de la carrera, cuya ascensión la organización del Tour es incapaz de acotar para dejar espacio a los ciclistas. Si son capaces de vallar medio París, por qué no lo hacen con Alpe d´Huez. Tadej Pogacar se fundió con el recuerdo de campeonísimo italiano, ejecutando una sublime actuación que pasará al libro de oro de la historia del Tour. Su ascensión en busca de Kuss, Leny Martinez y Carapaz, desarrollada como un metrónomo a lo largo de las míticas veintiuna curvas, diluyó como un azucarillo en el café los tres minutos de ventaja que los prestigiosos avanzados tenían a pie de puerto.

Eran los restos de una megaescapada que llevó a los ciclistas en fila india todo el día. La emoción de saber si el esloveno era capaz de conseguir llegar primero al cielo de los Alpes invadió toda la ascensión, pero Pogy quería ser -ya lo es- como su antecesor Coppi. Quizá incluso ya sea más. No hay duda que este hombre es un ser llegado del más allá, para apoderarse de un deporte para el que dios le trajo al mundo con el siguiente mensaje: “Ve y gana”. Es el enviado. Había dudas del excesivo retraso con que afrontó la escalada. Era casi imposible alcanzar al brioso y gran escalador Carapaz y al excelente Kuss, pero ese “casi” no existe para Pogacar. Es superior al resto.

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