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LA MONTAÑA EN ARAGÓN

La sonrisa de Sandrila

La empatía y sensibilidad del artista David Gatta plasma el reconocimiento a Sandra Salamero, fallecida mientras practicaba su pasión por el barranquismo hace cinco años, en un emotivo homenaje que su familia ha querido elevar para su recuerdo en el mural del jardín de su domicilio en Barbastro

El mural realizado por David Gatta en Barbastro.

El mural realizado por David Gatta en Barbastro. / David Gatta

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Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Zaragoza

Agarró bien el aerógrafo, cabalgando sobre todas sus inseguridades, sabiendo que de su pulso certero pendía el trazo clave. Que en esa mirada al cielo y en esa sonrisa feliz fluiría la verdad de ‘Sandrila’, esa chispa que todos iban a reconocer al instante. “Sabía que lo más difícil e importante era expresar esa alegría y esa energía con esa sonrisa para completar el gesto que transmitiera esa bondad que todos conocían”.

Al finalizar el mural, David Gatta buscó la complicidad de la familia y, como respuesta, encontró un estrecho abrazo de agradecimiento por la empatía y sensibilidad con la que había ejecutado ese difícil reto: un homenaje a Sandra Salamero, fallecida mientras practicaba su pasión por el barranquismo hace cinco años, una persona querida en Barbastro por su involucración en Montañeros de Aragón y en el club de rugby Quebrantahuesos, y por ser catalizadora de personas gracias a su extrema positividad y humanidad. “Sentí un gran alivio al comprobar su reacción, una misión cumplida. Era consciente de la responsabilidad y de las emociones que había detrás de este proyecto, porque les entiendo: yo también soy padre. Quería que se la reconociese bien, que al verla se distinguiese que era ella y todo lo que transmitía”, afirma el artista.

Él, con más de ochenta grandes murales a sus pinturas, no quiso meterse en este pequeño dilema hasta estar completamente seguro de que podía realizarlo como merecía el recuerdo a Sandra. “Me llamaron en enero y les pedí tiempo. Quería estar seguro de que lo podía hacer y no quise meterme sin tener toda la confianza”. El triunfo de finalizar el icónico lienzo de doce metros de la Ball de Benás le dio el impulso para ‘meterse’ en un retrato en el que se veía reflejado en el sentimiento de duelo: “Siempre intentas reflejar algo que has vivido, pintar con amor. Mi decisión de dedicarme a la pintura llegó cuando tenía 30 años y sufrí la pérdida de un familiar. Sentí que tenía que vivir como realmente quería, no conformarme y probar con mi sueño de pintar”, reconoce el autor, que necesitó cuatro jornadas para finalizar la faena, centrado los dos últimos días en acertar con la esencia de Sandra.

Detalle del mural de Sandrila pintado en Barbastro.

Detalle del mural de Sandrila pintado en Barbastro. / David Gatta

Libre y feliz. Así luce, así la recuerdan, porque así era. De Pirineos a Alpes, de Nepal a Bolivia, persiguiendo hazañas increibles, trotando sobre senderos o trazando nuevas líneas sobre las aguas. Esas aventuras que promovía en viajes de un lado a otro que contagió a su familia, que sigue haciendo en un íntimo tributo. En el último, en la bella Granada, germinó la idea de levantar un mural de homenaje tras comprar unas baldositas para bautizar como ‘El Jardín de Sandra’ ese rincón en el que tantos momentos inolvidables vivieron y vivirán.

No es una paradoja. Ese muro es ahora una puerta bien abierta para todos los que quieran rendirle un reconocimiento que no cesa. Porque esta semana han recibido visitas, llamadas, mensajes y apoyos que perviven incesantes en esos amigos que siguen trayéndole piedras de cada rincón del planeta, en esos que se tatuaron una ‘S’ en la piel o aquellas tres parejas que bautizaron a sus niñas como Sandras por ella.

Memorial en el barranco de Buixaruelo.

Memorial en el barranco de Buixaruelo. / SERVICIO ESPECIAL

O como sus inseparables ‘gallinas’, sus compinches del Quebrantahuesos, el emblema del rugby del Alto Aragón que ella empujó con su entusiasmo y mil conexiones para crear el equipo femenino. Esas que siguen versionando en sus quedadas el ‘Du hast’ de Rammstein con su grito ‘Sandrila’ de guerra. O como reposa su camiseta pintada en el ‘tráiler’ de su estadio en Monzón.

Nos veremos en la cima

Ellas, con los camaradas de la sección de barranquismo, antiguos colegas del colegio, familiares... son fieles cada 22 de mayo para rendir un tributo a Sandra en ese maldito barranco de Buixaruelo. Allí descansa una placa conmemorativa puesta por amigos montañeros y una piedra con el lema ‘Nos veremos en la cima’, en la que se juntan para hablar de ella, sentirla, no olvidarla, porque eso es imposible.

Porque hasta en el desesperante dolor de las marchas más injustas renace el único latido que realmente debería guiarnos: vivir con dignidad, con pasión por ser, por querer bien a los que te quieren, por ser nudo entre personas, por seguir avanzando frente a todas las dificultades, valiente y vulnerable, sin esconder tus debilidades ni esfumarte ante tus miedos, avanzando hasta la siguiente cumbre. Vivir sin joder a nadie. Vivir viviendo cada segundo. Siempre mirando al cielo. Y sonriendo. Como hiciste tú.

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