Valdelinares asiste con fervor ciclista al homenaje de los noruegos a su rey
Andreas Leknessund se emociona y gana en Valdelinares para dedicarle la victoria a su monarca fallecido en Oslo en una etapa con muchos aficionados en la montaña aragonesa, en la única jornada que pasa la ronda por esta comunidad

Andreas Leknessund es animado en las rampas de Valdelinares por los aficionados. / EFE / Lizón
Fiesta noruega en la cima de Valdelinares. Y fervor por este deporte en Aragón. Cientos de aficionados, la mayoría turolenses, aunque se dejaron ver de toda la región, y también una nutrida presencia valenciana acudieron a la cima de la montaña aragonesa, final de la séptima etapa, la única que pasa por suelo de esta comunidad, en una jornada en la que Pogacar se relajó, aunque aumentó su distancia con Enric Mas. Uno X es una cadena de gasolineras noruega que opera en el resto de los países escandinavos, que debuta en la Vuelta y que trata de sacar gas, en un mundo ciclista dominado por Tadej Pogacar. Por eso, el día que abre el candado de la carrera, la etapa en la que Wout van Aert se exprime para quitarle el jersey verde de los puntos al astro esloveno, dos corredores noruegos, primero y segundo en Valdelinares, homenajean al rey de su país, Harald V, a las horas de su fallecimiento.
Corrieron con crespones y hasta se emocionaron en la cima turolense porque no todos los días un equipo que crece año a año logra un doblete en una etapa de gran vuelta; primero, Andreas Leknessund, y segundo, Tobias Johannessen, la principal figura de la escuadra, un antiguo vencedor del Tour del Porvenir. Hubo minuto de silencio en la salida de Vall d’Alba con los corredores noruegos en cabeza del pelotón. Y se originó un revuelo cuando una de las grandes figuras del pelotón, el corredor flamenco Van Aert se propuso arrebatarle el jersey verde a Pogacar, que no puede estar por todo, que, en cierto modo, se tomó un día de relajación por los montes de Teruel, pero que al final no se contuvo para arañar unos pocos segundos, algo más líder y demostrar, quizá, que si en el Bartolo lo capturó Enric Mas fue más por un despiste que por una falta de fuerzas.

Pogacar hace un gesto de victoria al entrar en meta. / EFE / Lizón
Ahora, el siguiente asalto serio será el domingo en Aitana, etapa mucho más dura, una de las perlas de una carrera que por un día se disputó al compás de los pedales de Van Aert. Es una delicia verlo correr; todo o nada. No es un escalador y era él en primera persona el que tiraba de los fugados, con los noruegos dejándose llevar y pensando en su monarca fallecido. Y fue Van Aert el que se anotó los puntos en el esprint de Mora de Rubielos, población bellísima, turistas, muchos, y vecinos, también, lanzados a la calle, por donde no cabía un alma y por donde pasó Pogacar a más de seis minutos de su verdugo en la París-Roubaix.
Casi fue una especie de bajón, con montaña a doquier, no ver a Pogacar al frente de la Vuelta. Tenía mal acostumbrados a todos. Hasta ahora, su equipo tiraba y él se iba, pero algún día debía levantar el pie, aunque corriese enfadado, tal como reveló Enric Mas en la cumbre de Valdelinares sin dar más pistas a lo sucedido. Quizá, algo enojado, porque si no tiraba el UAE, no lo hacía nadie hasta que el Decathlon se quitó las legañas para intentar un ataque de Felix Gall.
Con Pogacar es imposible cualquier ofensiva, si lo atacas, te remata y si vas con él, a no ser que se produzca una especie de milagro en nombre del fraile Bartolo, acabas cediendo, como le pasó a Gall y también a Mas cuando el esloveno se movió en los tres últimos kilómetros de la subida a Valdelinares. Era la zona más dura y donde se agrupaba el público, turistas valencianos mayoritariamente, porque la etapa circuló por la llamada España vacía, apenas 20.000 habitantes en todo el territorio de Teruel, 50 kilómetros, por donde circuló la Vuelta.

Un momento del paso de la ronda española por las carreteras aragonesas. / EFE / Lizón
Siempre en solitario
Leknessund ganó en el nombre de su rey, emocionado y saltándole las lágrimas cuando le preguntaron si había querido hacer un tributo a Harald V, en el día de su muerte. Pogacar cruzó la meta en solitario, aunque entró en la posición 19 de la etapa. Sacó tiempo a todos los rivales y Mas, que es el primero de los que lo siguen, ya está a casi cuatro minutos cuando la Vuelta todavía no ha alcanzado el ecuador de la competición. Al menos, el ciclista mallorquín arañó 13 segundos a Roglic. Todo lo que sea sumar es positivo para el líder del Movistar.
El jersey rojo también llegaba montado en su bici para responder a los periodistas y afirmar que no había malos rollos en carrera y que prefería más que lo comparasen con Chris Froome o Alberto Contador que con Eddy Merckx, “con un número de victorias que yo nunca lograré alcanzar, aunque eran otros tiempos”. El suyo es destrozar todas las carreras a las que se apunta.
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