Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

'La crème de la crème' de Motorland y MotoGP: así es su zona VIP y sus precios

600 personas llenan la parte más privilegiada para ver las carreras, con un catering con un chef Estrella Michelin y experiencias de lujo con un coste que parte de los 786 euros

Así es la comida de Estrella Michelin en la zona VIP de Motorland

Miguel Ángel Gracia

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alcañiz

MotoGP es una experiencia de contrastes. Están los que duermen en un camping y tienen entrada para la pelouse, con toalla al césped o en la tierra, y la cara totalmente opuesta, que es la zona VIP, donde está la crème de la crème, la vivencia total y donde se combina la pasión del motociclismo con la comodidad y el estómago lleno con suculentas propuestas de Estrella Michelin.

El Mundial de MotoGP organiza las zonas VIP en todos los circuitos, con diferentes niveles de privilegios, espacios y experiencias, pero con un denominador común, que es el disfrute. Y en Motorland no podía ser menos. Pese a ser una zona restringida solo para los más selectos, el trajín de personas yendo y viniendo es un no parar en cualquiera de los tres niveles y de las salas, que están compuestas por la 1, la 2 y la Privilege, cuyo nombre ya da una pista del grado de exclusividad.

Pero quien piense que vivir la zona VIP es simplemente estar comiendo, bebiendo y asomarse al privilegiado balcón que queda encima de los boxes de los equipos está muy equivocado. Según el pack contratado también se organizan tours guiados por el paddock para conocer sus entresijos, un BMW ofrece una vuelta al circuito por el vial de servicio, hay pit lane walk e incluso una experiencia similar al drivers parade del domingo pero para VIPs.

Hasta hay un paquete Apex, por 3.600 euros, que da acceso a la parrilla de salida de la carrera de Harley Davidson y diez minutos en el garaje de un equipo. Y Álex Rins, piloto de MotoGP con raíces en la cercana Valdealgorfa pasó este sábado por allí para hacer un meet & greet con los allí presentes.

Un grupo de aficionados se fotografía con el trofeo del Campeonato Mundial de Pilotos oficial de MotoGP.

Un grupo de aficionados se fotografía con el trofeo del Campeonato Mundial de Pilotos oficial de MotoGP. / Miguel Ángel Gracia

El pase VIP más básico, entre muchas comillas, parte de los 650 euros más IVA y hay otra opción superior por 1.200 más impuestos. Y al contrario de lo que pudiera parecer, se trata de una experiencia que mucha gente de a pie decide realizar, ya que supone ver desde un prisma privilegiado una pasión. En vez de un viaje caro en verano deciden disfrutar al máximo estos tres días.

De todos modos, lo que abundan son empresas que invitan a trabajadores y clientes, la mayoría ligadas al mundo del motor, aunque también hay algún famoso, aunque suelen estar más invitados por los equipos que por MotoGP. Para el Gran Premio de Aragón el lleno es total, con 600 personas, aunque en otros circuitos se puede llegar hasta a superar las 2.000, como por ejemplo en Cheste, Montmeló, Jerez, Misano o Mugello, donde la zona VIP es una carpa gigante y de varios pisos.

La comida, un gusto diferencial

Pero quizá en lo que más destaca la zona VIP es en su experiencia gastronómica, que un año más está a cargo de Vilaplana Catering. “Tienen una sensación alta de exclusividad, nos ocupamos de que estén muy bien acompañados gastronómicamente, empezando por el desayuno y ya adaptándose todo hacia la comida”, explica Fran Benítez, de Vilaplana.

La sala Privilege, la más exclusiva de la zona VIP de Motorland Aragón.

La sala Privilege, la más exclusiva de la zona VIP de Motorland Aragón. / Miguel Ángel Gracia

A lo largo de un fin de semana, cualquier persona de la zona VIP puede probar hasta 100 referencias distintas y de una calidad extrema. De hecho, el chef Estrella Michelin Rafel Muria, del restaurante Quatre Molins, repite este año como estandarte culinario. Este sábado sus propuestas eran carpaccio de dorada con vinagreta de lima y pimienta aromática, gazpacho de turrón de Jijona, foie asado, salsa de higos y cebolla de Figueres escabechada y cordero de pasto, berenjena escalibada y salsa de yogur especiada. Tres manjares, pero no los únicos. También hay presa ibérica ‘colorá’ con salsa verde, bombón de foie, macaron de mermelada de tomate y sardina y, por supuesto, embutidos selectos, con quesos y el jamón de Teruel como protagonistas.

Además, supone “todo un reto logístico”, cuenta Benítez, ya que hay que montar desde cero un restaurante a lo grande, con su cocina, sus estaciones, sus mesas, cubertería y todo lo necesario para que la experiencia de los clientes sea satisfactoria. “Movemos a unas 60 o 70 personas entre sala, cocina y logística”, recalca.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents