El 'hospitality', el corazón de los equipos de MotoGP
El Superfly Trackhouse de MotoGP abre su casa, una instalación gigante montada en tiempo récord donde conviven, comen y se reúnen jefes, empleados y pilotos

Miguel Ángel Gracia
Dentro del trasiego del paddock hay zonas muy transitadas y con mucha vida y otras partes que son más privadas y una de ellas es el hospitality de un equipo, una macroinstalación que se monta y desmonta en un tiempo récord y que viaja por todo el mundo de carrera en carrera. Casi es como una segunda casa para los pilotos y por ello es muy habitual ver a decenas de aficionados esperando a que entren o salgan para robarles una fotografía, especialmente en aquellos de los peces gordos como los hermanos Márquez, Jorge Martín o Bezzecchi.
De normal el acceso está restringido salvo para invitados del equipo o los propios miembros, pero el Superfly Trackhouse de Raúl Fernández y el lesionado Ai Ogura (reemplazado en Alcañiz por Savadori) abrió las puertas para este diario en un momento en el que la vorágine bajó su intensidad, ya tras la carrera sprint y después del octavo puesto del español y el 19º del italiano.
En el hospitality hay una zona más social, una cafetería con diversos snacks de libre disposición, donde todos los miembros del equipo desayunan y comen, independientemente de su posición dentro de la estructura. Desde los pilotos y el jefe de equipo hasta el empleado más raso.
Un equipo de diez personas levanta toda la estructura en tres días, “y lo sé muy bien porque lo monto yo”, cuenta Nicolás, italiano con un dominio perfecto del español. Desde el jueves, cuando llegan los pilotos y el grueso del equipo, ya está todo presto y dispuesto y, en cuanto acaba el fin de semana, “en unas 12 o 13 horas está desmontado”, en camiones y rumbo a otro lugar del mundo.
Se une a la conversación Alessandro: “Tenemos que dar comida. Empezamos con el desayuno a una parte del equipo y los invitados como los patrocinadores y otros invitados”, comenta. Y además, otra cara de su trabajo es que, entre tanta tensión, posibles caídas y malos días, “intentamos hacerles reír y ser un equipo”, afirma.
La cafetería, en dos plantas, es un lugar de paz e intimidad de un equipo aunque esté a rebosar, pero no es la zona más restringida. Ese honor queda para los boxes, pero también para otra zona del hospitality, que esa sí que es inaccesible. Ahí tanto los pilotos como los ingenieros planifican las estrategias, cotejan datos de telemetría o piensan los neumáticos en el más estricto secreto y petit comité. Quizá para otro año con suerte.
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