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La montaña en Aragón: la mejor aventura de una familia 'salvaje'

Águeda Monfort, Noel Arraiz y sus hijas de doce y nueve años han recorrido la Transpirenaica desde el Cabo de Higuer a Andorra para apoyar la reconstrucción de una escuela de la Fundación SOS Himalaya en Nepal

Águeda Monfort, Noel Arraiz y sus dos hijas de 12 y 9 años han recorrido la GR11 por una buena causa.

Águeda Monfort, Noel Arraiz y sus dos hijas de 12 y 9 años han recorrido la GR11 por una buena causa. / Wildkids

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Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Huesca

En ocasiones, el muro más exigente al que se enfrenta una cordada es tirar de los cachorros, colocarles sin resistencias esas alas de un legado pegado al amor a las montañas.. Pese al bonito empeño de donar la mejor herencia, llevar a las criaturas, al niño y la niña, al monte, puede resultar una auténtica machada de paciencia con alto riesgo a enriscarse en la frustración o el abandono. No es una regla rotunda. Porque cada día es más habitual cruzarse en el camino con pequeños aventureros asomándose a retos de cierta exigencia, incluso cruzarse los Pirineos por una buena causa.

Hablamos de Águeda Monfort y Noel Arraiz y sus dos herederas, de 12 y 9 años, que han aprovechado parte de sus vacaciones de verano para completar la transpirenaica desde el Cabo Higuer hasta Andorra La Vella. Una caminata de más de 550 kilómetros y 30.000 metros de desnivel que esconde un valor en cada uno de sus pasos: apoyar la reconstrucción de la escuela de Seduwa en Nepal desde la Fundación SOS Himalaya. “Un desprendimiento ha destruido los baños y ha afectado a la estructura. Una parte del edificio ha tenido que ser desalojada, pero todavía es pronto para conocer el alcance de los daños. El temor es que el monzón acabe agravando aún más la situación. Toda ayuda es poca, pero la primera fase pasa por consolidar el terreno para evitar que el problema se agrave todavía más”, cuentan Águeda y Noel.

El paso por el Pirineo aragonés ha cautivado a una familia que conoce bien nuestras montañas.

El paso por el Pirineo aragonés ha cautivado a una familia que conoce bien nuestras montañas. / Wildkids

Quien quiera apoyar esta causa o saber cómo estos padrazos valencianos han logrado enganchar de esta manera a sus dos nenas solo tiene que seguir su proyecto WildKids (www.wildkids.es). Porque este es únicamente un capítulo más de una vida apegada a los viajes, las rutas montañeras y la naturaleza que “empezó como un juego”. Hacer juntos la GR11 era “un sueño recurrente. En estos años recorriendo los Pirineos hemos visto cómo han ido creciendo, ganando autonomía y disfrutando cada vez más de este entorno, hasta que, de manera natural, llegó un momento en que nos dimos cuenta de que aquel sueño que habíamos aparcado ya podía convertirse en un proyecto compartido con ellas”.

Como bien dicen, Aragón es un punto neurálgico de sus andanzas. El paso por la Transpirenaica le ha llevado a reconocer paisajes familiares, reconocidos y muy pateados. Ellos dicen que es “su segunda casa” y les resulta imposible quedarse con una habitación: “Nos encanta la belleza descarnada y la soledad de los Valles Occidentales. Toda la zona entre Respomuso y Bachimaña es también de nuestras preferidas. Y qué decir de Ordesa. También nos sorprendió mucho la Canal Roya, un valle encantador que habíamos visto desde varios puntos, pero nunca habíamos tenido la suerte de recorrer. En realidad, no hay rincón malo”. En su periplo llegaron a ascender un tresmil, el Vallibierna, que no es el primero que capturan en Aragón.

La familia, en ruta.

La familia, en ruta. / Wildkids

Dentro de su filosofía se han tomado este itinerario con mucha autonomía, vivaqueando o durmiendo en refugios, siempre sabiendo dónde poder comprar víveres o suministrarse de agua, con cierta dosis de libertad para improvisar dentro de una planificación dictada por su experiencia. Siempre hay imprevistos, como la tormenta que les pilló en el Collado de Petraficha, en Zuriza.

“Tuvimos que montar rápidamente una tienda para protegernos de la lluvia y nos metimos los cuatro como pudimos, en un espacio pensado para dos personas. Creíamos que, como mucho, sería media hora y al final fueron tres horas un poco incómodas, pero muy divertidas”, relatan.

A quien pueda sonarle a locura hay que ver el currículum de estas criaturas, que han visto con sus propios ojos las Torres del Payne, domado travesías en Alpes o Balcanes, escalado por encima de los 4.000 metros volcanes en Ecuador o cumbres en Kirguistán. No solo eso.

Los paisajes espectulares están asegurados.

Los paisajes espectulares están asegurados. / Wildkids

Inagotables, se han cruzado Japón haciendo autostop, Sri Lanka en su propio tuk tuk, Canadá en piragua, Namibia en 4x4 o la Patagonia, Suiza o Islandia en bici... “Cuando nos planteamos un viaje en familia intentamos que sea también una oportunidad para aprender y crecer juntos, siempre con un denominador común: la naturaleza. Para nosotros siempre es más importante el cómo que el qué. El destino es solo la excusa. Es decir, lo prioritario es la manera en que recorremos el camino, las experiencias que vivimos y todo lo que aprendemos durante el trayecto”, explican.

Estas andanzas quedan retratadas en una interesante web y sus canales de redes sociales e incluso han hecho pedagogía solidaria con una serie de libros y guías de distintos confines, incluida una específica del Pirineo aragonés, para dar ideas y pistas a otros progenitores para llevar a cabo la crianza montañera con rotundo éxito. No quieren dar consejos, porque cada familia y cada niño tiene “sus circunstancias, porque incluso nuestras dos hijas son muy diferentes”, pero sí consideran que hay dos claves para engancharles: “El primero es la constancia: empezar desde pequeños, superando etapas paso a paso y adaptándonos a las posibilidades y obstáculos que nos ofrece cada edad, siempre con mucha paciencia y flexibilidad. Y el segundo es plantear cualquier actividad que hagamos como un juego y, por suerte, en la naturaleza las opciones son infinitas; solo hace falta echarle un poco de imaginación. Cualquiera que tenga hijos sabe que los niños no se cansan, se aburren”. A tomar nota.

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