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El Príncipe Felipe lleva en volandas a la selección en el España-Mali

Unos 3.000 aficionados animaron y presionaron en el primero de los dos amistosos como si de un encuentro oficial se tratase con aplausos y vítores, especialmente a Mariona y Hermosa, y pitos en los libres de Mali y a Pueyo

En vídeo | Amor-odio con Helena Pueyo y ovación para las jugadoras del Casademont en la visita de España al Príncipe Felipe

Jaime Galindo

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Zaragoza

En Zaragoza se vive el baloncesto. Ya lo avisó la presidenta de la Federación Española, Elisa Aguilar, hace unos días en la foto de La Familia. "Pedimos a Zaragoza que nos lleven en volandas para irnos con mucha energía al Mundial", afirmó la dirigente. Dio igual que fuera un amistoso sin relevancia competitiva. El Príncipe Felipe se entregó igual. Si hay que hacer el molinillo porque el speaker dice que eso le da energía al equipo, se hace; que Los Ramones dicen "Hey, ho", Zaragoza grita: "Let’s go"; que Mali tiene un tiro libre con una desventaja de diez puntos, se pita. Aquí no se negocia nada.

El rojo y el blanco teñían especialmente las gradas laterales al completo con el permiso de un hombre ataviado con una chilaba verde amarilla y roja, la bandera del país africano y por si acaso una gorra en la que venía especificado "Mali". El fortín del Casademont animó, y mucho, sobre todo a sus dos ojitos derechos, Mariona Ortiz y Nerea Hermosa. Pese a que ninguna de las dos anotó en la primera mitad del encuentro, los aplausos eran más ruidosos cuando las dos rojillas saltaban a la cancha y los suspiros mucho más profundos cuando un triple de la directora de juego lamió el aro.

La otra cara de la moneda le tocó a la exjugadora del Casademont Helena Pueyo que tuvo que escuchar algunos pitidos, si bien contrarrestados también con algunos aplausos. Amor-odio en toda regla. El ambiente acompañó al juego. Cuando las locales iniciaron apisonando, el público se encendía y se arrancaba con un "España, (tres aplausos), España (de nuevo aplausos)". Cuando bajaba el pistón, las gradas también lo hacían. Y con un partido decidido desde prácticamente el minuto 1, ese factor del resultado que puede mantener en vilo o más tenso a más de uno no existió y se limitó simplemente a disfrutar del baloncesto divertido que propone España.

Así se llegó a los quince minutos para los bocadillos, el único momento en el que se permite el lujo de levantarse del asiento, y el tiempo también de la ‘Emoji Cam’, que enfocaba a la afición para que reprodujera el emoticono que salía en el marcador. Ninguno fue el de cara de susto o el de sudar de los nervios. Llegó el tercer tiempo y la gente seguía deleitándose con los extrapases y triples de la selección.

Se celebraban también mucho las posesiones inconclusas de Mali por agotamiento de los 24 segundos. Una prueba más de que este equipo ilusiona e incluso contagia su manera de jugar a la forma de animar. De ahí que el Príncipe Felipe arengara más las buenas defensas que los grandes puntos.

Sonó la bocina final y con ella se retiraron las jugadora de Mali, a las que se podía considerar actrices secundarias para que España se luciera, y se quedaron las protagonistas sobre la cancha. Fue entonces cuando llegó el momento de los balones. Miles de brazos aclamaban que los pequeños balones azules y mullidos fueran a sus manos. Así, la precipitación de triples del encuentro pasó a ser de balones a la grada, para algunos escasa; nunca llueve a gusto de todos. Cientos de niñas y niños aguardaban con rotuladores, pancartas y móviles. Es la recompensa por llevar a la selección en volandas.

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