Deborah Voigt sigue siendo una gran diva, pero no tan grande como antes. La soprano estadounidense ha perdido en los últimos dos años 61 kilos y ha menguado 16 tallas. Tan orgullosa está de su nueva figura, que no ha tenido reparos en posar semidesnuda, como una bella Salomé, de cabellera leonina, apenas cubierta por un velo satinado.

Esa foto desafiante es para Voigt, de 46 años, un trofeo y su revancha por la humillación que sufrió en el 2003, cuando fue despedida por gorda de la Royal Opera House de Londres. La entonces enorme soprano estaba ensayando la versión de Ariadna auf Naxos, de Richard Strauss, y cuando llegó el momento de probarse el vestuario, simplemente no pudo meterse en el traje negro que habían diseñado para ella.

La diva fue sustituida por una cantante más delgada, Anne Schwanewilms, y de la cancelación de su contrato solo se supo un año más tarde. La noticia cayó como una bomba en el mundo de la lírica, en el que siempre han abundado las artistas orondas que interpretan papeles de sílfides y las abuelas en ciernes que se hacen pasar por inocentes jovencitas.

"Siempre había querido creer que lo más importante en la ópera es la voz. Pero al mismo tiempo es un negocio, como otro cualquiera", ha declarado recientemente la protagonista del sonado incidente.

Voigt es hoy noticia porque la Royal Opera House ha vuelto a contratarla para interpretar en la temporada 2007-2008 el mismo papel del que fue despedida. "Está entusiasmada. Londres es una de las grandes capitales de la ópera y para ella fue muy triste no tener la oportunidad de interpretar a Ariadna", ha declarado Albert Imperato, el portavoz de la prima donna.

Después de esa primera actuación, la soprano regresará de nuevo al Covent Garden, con Tosca. Reconquistar su posición ha sido una tarea dolorosa para la cantante lírica. Meses después del desplante londinense, Voigt se sometió a una drástica y peligrosa operación en el Lenox Hill Hospital de Manhattan para reducir el tamaño de su estómago. Era algo que tenía pensado hacía mucho tiempo, porque su salud comenzaba a resentirse. "No me sentía bien y empezaba a tener problemas con las rodillas", ha dicho Voigt.

La operación limita la cantidad de los alimentos que se pueden ingerir, pero no cura las dependencias psicológicas. "Utilizaba la comida como los alcohólicos utilizan el alcohol y los adictos las drogas. Si estaba triste comía, si estaba alegre comía, si estaba sola comía", explica la cantante, a la que se le sigue haciendo la boca agua cuando ve a alguien disfrutando de una hamburguesa. La única duda de los aficionados es si su voz no habrá perdido tras el bajón de peso.