No suele ser habitual, pero ayer fue una excepción. El acto de inauguración sirvió para agradecer, celebrar y disfrutar, pero no estuvo exento de pequeñas llamadas de atención a la clase política de Aragón, así como a las entidades financieras locales.

La entrada de Terinza 26 en el proyecto fue fruto del convenio alcanzado entre el Ayuntamiento y Tudor para crear un polígono de 750 hectáreas. Una idea que se vio frustrada en 1992 cuando la crisis afectó a la industria, recordó Díez. "Poco después nosotros decidimos adquirir estos terrenos", aunque "Caja Rioja fue la única que confió en nosotros" después de que Terinza se hiciera con 11 millones de metros cuadrados, dijo Díez. Y añadió: "Por entonces, el Ayuntamiento de Zaragoza no confió en la bondad del proyecto", al tiempo que aludió a problemas en el desarrollo de la iniciativa por la "lentitud de la administración y los problemas financieros". Sin embargo, Díez subrayó que, "cuando en el 2004 el panorama era aterrador, llegó la Expo y cambió radicalmente".

Belloch se dio por aludido, pero reaccionó y aseguró que "las reglas del juego han cambiado en esta tierra y ahora prima sumar y multiplicar".