Con el el nuevo impuesto sobre la renta (IRPF), la fiscalidad perderá protagonismo a partir de enero en favor de la rentabilidad. Es decir, el rendimiento financiero que obtiene el ahorrador. Las entidades financieras han entendido el mensaje. "El verdadero valor del producto debe darlo el producto mismo, no su tipo de tributación", explican fuentes del sector financiero. En resumen, todo ello significa que cobrará mayor protagonismo una buena gestión en busca de rentabilidad para el inversor.

Los cálculos en los que el rendimiento se determina conjugando la fiscalidad perderán relevancia. Todas las rentas procedentes del ahorro, desde los intereses bancarios hasta las plusvalías, pagarán un tipo fijo del 18%, con independencia del periodo de tiempo en el que se hayan generado.

Según la reforma del IRPF, aprobada ya en el Senado, con los cambios "se evita que las diferencias en la presión fiscal que soportan los diferentes instrumentos distorsionen la realidad financiera del ahorro, como la denominada rentabilidad financiero-fiscal".