Invertir en los pobres es un buen negocio para la sociedad en su conjunto, no sólo para los pobres". Esta es una de las principales conclusiones del informe Reducción de la pobreza y crecimiento: círculos virtuosos y círculos viciosos que ha elaborado el Banco Mundial y que ayer fue presentado en Madrid por la vicepresidenta para América Latina del organismo internacional, Pamela Cox, y por el economista jefe de la entidad para América Latina, Guillermo Perry.

"Si no se mejora su nivel de vida", los pobres "no pueden contribuir al crecimiento", explicó Perry. El enfoque es el contrario de los planteamientos habituales: no se trata sólo de crecer para favorecer a los pobres, sino de reducir la pobreza para poder crecer más. "La tesis más innovadora del informe es que la pobreza persistente en América Latina puede, por sí misma, estar entorpeciendo el logro de tasas de crecimiento más altas", afirma el documento.

CÍRCULOS VICIOSOS A pesar de su riqueza en recursos naturales, América Latina mantiene unos elevados índices de pobreza. Se calcula que alrededor del 25% de la población vive con menos de dos dólares diarios.

Para romper las llamadas "trampas de pobreza" o sus "círculos viciosos" es preciso la "intervención". Por eso, el Banco Mundial proclama que "invertir en los pobres es un buen negocio" y elogia algunas iniciativas específicas como el programa Progresa/Oportunidades en México, el Familias en Acción en Colombia, y el Bolsa Escola en Brasil, que combinan las ayudas con incentivos para salud y educación desde comienzos de la niñez.

Según el informe presentado ayer, las políticas de crecimiento económico no siempre sirven para reducir la pobreza. La apertura comercial --por ejemplo-- "ha tendido a aumentar la desigualdad y hasta la pobreza en el corto plazo". "Lo que hay que hacer es acompañar la apertura comercial con políticas para corregir las desigualdades" y, según el Banco Mundial, las más eficaces son la educación, las infraestructuras y el acceso al crédito.