José Juan Arceiz, de UGT, fue proclamado el pasado lunes por unanimidad presidente del Comité de Empresa de General Motors en España. Aunque UGT sigue siendo la fuerza mayoritaria, las últimas elecciones han modificado el mapa sindical en la mayor empresa de Aragón. Y ante la externalización de puertas y salpicaderos el comité ha decidido plantear movilizaciones.

--Acaba de ser nombrado presidente del comité y la primera decisión que tendrá que gestionar será un paro de dos horas que no apoya su sindicato.

--La movilización no era nuestra propuesta. Pero aceptamos y acatamos la decisión del comité y habrá que gestionarla. La función de un presidente pasa por escuchar a los sindicatos y buscar propuestas comunes. Los que de verdad tienen el poder son los secretarios generales de cada sección sindical.

--¿Ya se sabe la fecha para esos paros de dos horas por turno?

--No, todavía no. Posiblemente esta semana se conozca.

--¿La empresa ha reaccionado ante este anuncio?

--Imagino que no le habrá gustado que en plena campaña de expansión haya movilizaciones, pero no lo ha manifestado.

--¿Considera que el resultado de las recientes elecciones va a radicalizar la actividad sindical en la factoría?

--Pienso que no. Ahora, va a ser más difícil llegar a acuerdos. Pero en GM no es la primera vez que hay seis sindicatos.

--Pero el sindicato considerado menos pactista, CGT, es el que ha aumentado significativamente su representación. Además de USO que entra con tres delegados.

--Es difícil interpretarlo desde fuera. Creo que CGT si que ha recogido de alguna manera una parte del descontento, aunque no se si son votos estables. La plantilla si que nos ha dicho a los mayoritarios, a los que más hemos perdido, que no le gusta del todo cómo se están haciendo las cosas. Pero a pesar de la pérdida de votos, entre UGT y CCOO sumamos más del 60% de los sufragios de la fábrica. Tampoco es una gran desviación.

--A UGT en las pasadas elecciones no le votó ni la totalidad de sus propios afiliados en la factoría. Tiene unos 2.500 y faltaban 400 papeletas.

--Es una de las situaciones que peor nos hacen sentir. Ha habido factores externos, como la complicación con el voto por correo. Al ser la central que más afiliados tiene somos los más afectados por cualquier cosa que suceda en la fábrica, desde los expedientes hasta los contratos relevo. Nos ocurre también con las bajas. Contabilizamos más de 250 afiliados en casa en estas elecciones.

--¿Cree que fue el apoyo de UGT a la segunda propuesta de GM para traer el Meriva, que luego se mejoró para los intereses de los trabajadores, lo que les ha pasado factura?

--Ha sido la suma de muchas cosas. LLevamos más de 20 años como el sindicato más votado en la empresa y eso tiene un desgaste que hay que pagar. Y lo hemos pagado. Además llevamos mucho tiempo dirigiendo el comité de empresa....No se si la decisión del Meriva llegaría a afectarnos, pero se tomó con un 70% de los votos de la asamblea de afiliados..

--Se habla de la creación de 300 nuevos empleos en la planta de GM. Eso supondrá elecciones parciales para aumentar dos delegados a los 35 actuales.

--Efectivamente, pasaremos de 8.000 trabajadores y habrá que elegir dos nuevos delegados.

--¿Para cuándo se prevé la incorporación de estos empleos?

--Si todo sigue como está previsto, es posible que a principios de diciembre ya estén trabajando en GM.

--Quizá el mayor problema ahora en GM es la decisión de la multinacional de externalizar la fabricación de puertas y salpicaderos. Hace años se externalizaron los asientos. ¿Hubo movilizaciones?

--Yo ya estaba en la fábrica, creo recordar que fue en el 1990 o 1991. Y no hubo movilizaciones. Hubo la tónica que se siguió desde entonces hasta ahora, que el comité negociaba para la recolocación de aquellos trabajadores afectados por las externalizaciones. Hasta ahora siempre se ha hecho así. Bueno, movilizaciones hubo cuando la nave de chasis, pero porque la empresa no ofreció una externalización acompañada de recolocación. Cuando lo conseguimos estuvimos de acuerdo en externalizar esa fase.

--¿Y a un sindicalista qué le parece ese sistema de externalizar con trabajadores que cobran casi la mitad de lo que ingresarían si estuvieran en la nómina de GM?

--No creo que haya ningún sindicalista al que le gusten las externalizaciones. Ninguno. Y no es nuestro ideal de fábrica. Aunque creemos que si se recoloca a los trabajadores, la situación cambia. Cuando se externalizó la sección de asientos se creó la fábrica Lear y ahí empezaron a trabajar en Épila con el convenio del Metal. Se organizó a los trabajadores de esa factoría, se nombró el propio comité y empezaron a reivindicar. Hoy en día es una empresa consolidada en la que se está ganando en torno a los 1.200 euros. En GM, un especialista C está ganando unos 1.400, tampoco es tanta la diferencia. Hay que organizar a los trabajadores en las nuevas empresas para que reclamen mejores condiciones.

--Hace unos años tampoco se aceptaba la flexibilidad, que ahora es asumida por la mayoría. ¿La externalización es el siguiente paso?

--La automoción ha cambiado mucho. Antes en las factorías prácticamente entraban trozos de hierro y salían coches terminados, porque se hacía la fundición, todo, hasta los tornillos. Las empresas han cambiado muchísimo. Hace ocho años nosotros no entrábamos a la flexibilidad, pero todo el sector la aceptó mucho antes. Lo mismo pasa con las externalizaciones, donde el nivel del sector es muy superior a Figueruelas.

--Con la llegada del Meriva se habló de garantías de GM en Figueruelas hasta el 2015. ¿Ese es el horizonte que maneja?

--Pienso que Figueruelas tiene vida mucho más allá del 2015. Somos una fábrica que está muy bien reorganizada, con un nivel de externalización aceptable --aunque nunca es satisfactorio-- y creo que hasta ahora, y en el futuro, tiene un comité de empresa que sabe moverse en las crisis y mejor en los tiempos buenos. Hasta el 2015 tenemos trabajo para cubrir la plena capacidad instalada y cuando llegue el momento de negociar nuevas inversiones seremos capaces de adaptarnos a la situación, sin necesidad de que signifique pérdidas de derechos de los trabajadores.