Aragón vive años de mucha tranquilidad laboral. Después de los vaivenes políticos y económicos de otras épocas, la estabilidad social se ha apoderado de la comunidad. No es nada nuevo. El Gobierno PSOE-PAR ha dado mucha tranquilidad, ha generado mucha confianza y ha sabido aprovechar todos los vientos a favor que se han levantado en estos años. Los empresarios se han sabido serenar después de años de líos y diferencias internas y han ejercido como tales, sin necesidad de tener que jugar con los favores de otras épocas. Y los dos sindicatos mayoritarios han sabido entender y transmitir a sus afiliados y a la clase trabajadora el modelo económico-social en el que había que moverse en este tiempo. Esta estabilidad se ha traducido en acuerdos importantes pero en tiempos de bonanza. Cuando de pronto Aragón entra en recesión (aunque estaba muy anunciado porque hubo más tiempo que en el resto de España para prepararse) se ha constatado que algo falló detrás de tanta estabilidad. Pero no solo no se vio a tiempo qué pasaba sino que la pérdida de empleo a marchas forzadas o la caída en picado del PIB, más acusada que en otras comunidades, no se ha sabido atajar. Suerte que Aragón tenía una mejor despensa, que es lo que nos hace estar situados en mejores condiciones para salir de este atolladero. Pero Gobierno, empresarios y sindicatos deberían reflexionar sobre lo que ha podido pasar y no contemplaron y sobre lo que tenían que haber hecho y no hicieron. Y después, solo cabe tomar medidas que sean rápidas, creíbles y sobre todo, reales. El suspenso ya está. Lleva meses. Aunque siempre hay una recuperación. Pero con garbo.