La esperanza, ese estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea, es tan vieja como el hombre. Valga como ejemplo que para los griegos es lo único que quedó dentro de la caja de Pandora cuando expulsó a todo los males. En la mitología nórdica, la baba del lobo Fenrir. Y para los cristianos, una virtud teologal (infundada por su dios en la inteligencia y la voluntad del hombre).

"Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción", afirmó el escritor inglés Samuel Johnson. Los inversores son muy de esperar, aunque no parece que lo de los fracasos vaya con ellos. Para su gusto, es mejor que las expectativas se vean confirmadas.

Y con ese ánimo afrontan la reunión del Banco Central Europeo de hoy. El plan excepcional de compra de deuda está dando frutos, pero no tantos como se esperaban y así lo han reconocido algunos de sus miembros. Por ello, el mercado espera que su presidente lance hoy algún guiño: no se prevén nuevas medidas aún, pero se confía en que el BCE se comprometa a adoptar adicionales si la situación lo requiere. Con esta esperanza en mente, el Ibex consiguió ayer rebotar tras una apertura bajista y romper la racha de caídas, con una revalorización del 0,5%, hasta los 10.157,5 puntos, mientras que la prima de riesgo se relajó hasta los 117 puntos básicos.