¿Bajan tranquilas las aguas del sindicato?

Sí. La situación de crisis ha despertado, en todas las organizaciones, un poco más la solidaridad interna. A ello se suma el buen trabajo interno de los últimos cuatro años. Había que aplicar unas resoluciones que daban más poder a las federaciones y corríamos el peligro de que cada una fuera por su cuenta. Sin embargo, hemos realizado políticas colaborativas y, al final, el roce hace el cariño. Entre todos hemos hecho que haya más unión y se haya generado un clima de más confianza.

¿Está el sindicato más fuerte que hace cuatro años?

Si no tuviéramos el covid, diría que sí. El último año ha sido tremendo cuando todavía no nos habíamos repuesto de la crisis del 2008: en enero del 2020 nos faltaban por recuperar 40.000 puestos de trabajo en Aragón. La pandemia lo ha impedido, entre otras cosas, porque se paralizaron muchas elecciones sindicales. Esperamos que todo esto pase, podamos retomar el trabajo normal y recuperarnos totalmente de las heridas de esta crisis y de la anterior.

¿Qué conclusiones extrae del congreso regional?

Es cierto que no ha habido una discusión tan intensa sobre los aspectos de acción sindical u organizativos. Pasará lo mismo con el congreso federal. Estamos muy pendientes de lo impredecible de la situación. No sabemos qué va a pasar, cómo reaccionará la economía con la llegada de los fondos europeos o cuáles serán las reformas que finalmente se plasmen.

«Hay que potenciar la negociación colectiva en Aragón y llegar a más sectores y empresas»

Daniel Alastuey - Secretario general de UGT Aragón

¿Cuáles son sus recetas para la recuperación?

Necesitamos ayudas externas. España ha tenido que tirar del endeudamiento y ahora de los fondos europeos. El escudo social que pusimos en marcha con el Gobierno ha sido muy efectivo. Ahora hay que ver qué hacemos con el dinero que llegará de Europa y si somos capaces de cambiar el modelo productivo, por lo que llevamos suspirando desde el 2008. Hay que reindustrializar España y, en ese sentido, los fondos van por el buen camino. Todo esto, junto con la sostenibilidad, la digitalización y el reforzamiento de los servicios públicos.

Pepe Álvarez dijo en la clausura del congreso que el Gobierno de Sánchez «es el mejor que podía tener» España.

En este momento sí. No me imagino otro mejor. Está formado por dos partidos que en sus programas electorales y de gobierno llevan nuestras reivindicaciones. Es obvio que hay tensiones internas y voces diferentes. Nuestra obligación es negociar, pero también movilizarnos y sacar los dientes para empujarlo si se sale del guión que nos había prometido.

¿Cuáles son las asignaturas pendientes?

Muchas. Pero es comprensible. El Gobierno se forma en enero del 2020 y la pandemia estalla en marzo. No se ha podido dedicar a otra cosa que no sea la lucha contra el coronavirus. Y nosotros prácticamente también. Pero parece que vemos la luz al final del túnel y creemos que toca hablar de lo que se quedó aparcado en la mesa: la reforma laboral, la de las pensiones o la subida del salario mínimo interprofesional.

¿La reforma laboral del PP tiene los días contados?

Espero que sí. El Gobierno dice que quiere cambiar las cosas, pero es cierto que hay un problema de prioridades. Europa nos dice que hay que atacar la dualidad de la contratación, como dice la ministra (Nadia) Calviño (de Economía), mientras que la de Trabajo (Yolanda Díaz) quiere priorizar lo que nosotros planteamos. Llegar a acuerdos sobre lo que queremos derogar debería ser sencillo y no levantar demasiadas ampollas en los empresarios. Hablamos de reequilibrar la negociación colectiva, la ultraactividad, la aplicación del convenio sectorial y endurecer los descuelgues. Y luego hay que acotar la subcontratación, una de las principales fuentes de precariedad en este país.

¿Qué pasa en el sector agrario?

Hay muchos agricultores responsables que aplican el convenio y el salario mínimo e intentan tener a sus trabajadores en condiciones dignas, pero hay otros que no quieren cumplir nada y pretenden cargar sobre las espaldas de los temporeros los bajos precios que les pagan a ellos. Nosotros lo que decimos es que el campo no puede ser un sector económico al margen de la legalidad.

«Hay agricultores que quieren cargar sobre los temporeros los bajos precios que les pagan»

¿Cuáles van a ser sus batallas para los próximos cuatro años?

En el plano interno, aumentar la afiliación y la representatividad. Somos el primer sindicato de Aragón. Pero mi aspiración es que no solo crezca UGT, sino el sindicalismo de acción federal para recuperar, junto a CCOO, el terreno perdido. En segundo lugar, el sindicato sigue teniendo una situación económica que no es la mejor del mundo. No nos hemos estabilizado. Tenemos que perseverar en ello y seguir siendo austeros. También queremos potenciar el dialogo social en Aragón con un acuerdo bipartito con la patronal (CEOE y Cepyme) en el que las dos partes nos comprometamos a mejorar el mapa de negociación colectiva y llevarlo a los sectores y empresas que no tienen un diálogo fluido, así como incorporar temas como las nuevas formas de trabajo o el control de los algoritmos, que cada vez van a influir más en el trabajo. Y queremos participar con el Gobierno de Aragón y los empresarios en la aplicación de los fondos europeos.

¿Qué balance hace del cuatripartito que gobierna la DGA?

Positivo. Teniendo en cuenta lo que está pasando en el escenario nacional, sobre todo en Madrid, es fundamental que los aragoneses perciban que hay estabilidad política, como así lo han demostrado los cuatro socios de la DGA. A esto se suma la estabilidad que aporta el diálogo y la paz social de Aragón, un intangible difícil de cuantificar, pero que es un elemento que las empresas tienen muy en cuenta a la hora de hacer inversiones aquí.

Van a desembarcar en Aragón grandes empresas como Amazon, a la que no parecen gustarle los sindicatos.

Amazon se tiene que acostumbrar a respetar las leyes laborales de los países donde trabaja. Y es importante que haya políticos que comprendan el valor de los sindicatos y la negociación colectiva.

Hablando de Madrid, ¿comunismo o libertad?

(Risas) La izquierda es libertad no hay contradicción ahí. Creo que es la típica proclama electoral que busca beneficiarse de la ruptura social. Estas dicotomías son suicidas y malas para el diálogo y la transversalidad.

¿Teme que esa crispación política acabe llegando a Aragón?

Confió en que no, pero algunos se esfuerzan todo lo que pueden para que así sea. En el Ayuntamiento de Zaragoza, tanto nosotros como los propios empresarios somos blanco de los ataques de Vox, que pretende arrastrar al PP y Ciudadanos al extremo. La derecha tiene que ser inteligente porque si no esa crispación solo lleva a una ganancia de votos por la parte más extremista.