UNA NUEVA 'PETROPOLÍTICA'
El precio del petróleo (y de la gasolina) sobrevuela los terremotos geopolíticos de Trump
Los precios del crudo y de los combustibles siguen bajos y no reaccionan aún el golpe de Trump en Venezuela, pero los mercados aguardan con temor una sacudida si se recrudece la escalada en Irán

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Andrew Leyden/ZUMA Press Wire/dp / DPA - Archivo
El petróleo vuelve a estar en el centro del debate global y la 'petropolítica' vuelve a marcar los movimientos internacionales de las grandes potencias, azuzados por las sacudidas de la diplomacia poco diplomática en la nueva ‘era Trump’. Pero frente a las sobrerreaciones que antaño sufría la cotización del crudo (y con ello, rápidamente también los precios de gasolina y diésel en el surtidor) en cuanto prendía la incertidumbre en el mercado por cualquier tensión internacional, ahora cuesta ver grandes movimientos y el precio de petróleo sigue relativamente bajo, el consenso de los analistas sigue siendo bajista y los combustibles parecen no notar de momento las sacudidas.
El precio de los carburantes encadenó esta semana su séptima caída consecutiva, a pesar del golpe relámpago del pasado 3 de enero de Donald Trump en Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Pese a lo incierto de la pretendida transición que viene en Venezuela tras la operación militar para capturar al presidente Nicolás Maduro y pese a las dudas sobre el futuro del negocio petrolero en el país caribeño, la cotización del crudo sigue casi invariable. Y llenar un depósito en España sigue siendo hoy más barato que el golpe de EEUU en Caracas y también notablemente más barato que hace un año. En concreto, los conductores repostan por unos 3,8 euros menos en el caso de la gasolina (76,17 euros para un depósito tipo de 55 litros) y unos 5,4 euros menos en el caso del diésel (79 euros).
La más que templada reacción de las cotizaciones viene marcada por el actual escenario de abundancia de crudo que inunda el mercado, con continuos incrementos de producción por parte del cártel que lideran Arabia Saudí y Rusia (OPEP+) y la oferta creciente en países como Brasil, Argentina, Guyana, Noruega o Canadá. Y todo ello en un contexto con una demanda que no crece demasiado por las tensiones comerciales globales y por el freno al consumo de hidrocarburos que supone la transición energética. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que este año la producción de crudo superará a la oferta en más de cuatro millones de barriles diarios.
Ante este escenario, la sacudida provocada por Trump en Venezuela casi no ha tenido impacto. El barril de Brent, que sirve de referencia en Europa, se ha mantenido en los primeros compases del año en el entorno de los 60-65 dólares, la mitad que la cotización que alcanzó al principio de la invasión rusa de Ucrania. Y es que a pesar de que Venezuela es el país con mayores reservas probadas de crudo, con unos 303 millones de barriles (más que Arabia Saudí y casi el triple que Estados Unidos), la producción del país latinoamericano a día de hoy es mínima, apenas llega a los 900.000 barriles de crudo, el 1% del volumen total global (unos 100 millones de barriles diarios), por lo que el mercado no percibe ningún cambio en los flujos reales de la oferta que pueda tener efectos en el precio.
A lo largo de 2026, la crisis venezolana previsiblemente tendrá efectos “ambiguos pero modestos”, con un precio medio de 56 dólares por barril, según las estimaciones del último informe de Goldman Sachs sobre la situación de Venezuela. Y será a partir de 2027 cuando el precio del crudo mostrará un sesgo claramente bajista, si el país logra recuperar la producción de forma sostenida (en los años 2000 llegó a producir hasta 3 millones de barriles diarios), según los analistas del banco americano. Sin embargo, la escalada de tensión en Irán sí que puede notarse en el precio del petróleo muy próximamente.
Y ahora... Irán
A la incertidumbre por el ataque a Venezuela se suman ahora la creciente tensión en Irán, tras semanas de disturbios contra el régimen de los ayatolás y ahora el miedo a un ataque de Estados Unidos e Israel contra el país. Irán es un actor mucho más relevante que Venezuela en el mercado petroleo, como sexto mayor productor mundial (con 3,9 millones de barriles diarios) y las terceras mayores reservas (con 209 millones de barriles). Y además tiene el control sobre el estrecho de Ormuz, un paso estratégico con impacto global por el que transitan unos 20 millones de barriles diarios, el grueso del petróleo de los países del Golfo y una quinta parte del consumo mundial.
Mientras la crisis en Venezuela puede tirar hacia abajo los precios, el temor a una escalada en Irán puede acabar teniendo el efecto contrario y empujar al alza las cotizaciones. Cuando el pasado junio Washington atacó Irán y se temió por el cierre de esta ruta comercial, la cotización del Brent se desbocó por encima de los 80 dólares. Este martes, después de las declaraciones de Trump sobre la posible imposición de un arancel del 25% a los productos de todos aquellos países que comercialicen con Irán, el barril de Brentpara entrega en marzo registró una rápida subida del 2,5% rozando los 65,5 dólares.
Un eventual bloqueo del estrecho de Ormuz desencadenaría el miedo a una crisis de suministro y empujaría al alza los precios del petróleo, pero probablemente sólo de manera temporal y quizá con menor intensidad que en otras crisis, por el contexto de abundancia de petróleo y porque grandes consumidores, como China, han engordado en los últimos años sustancialmente sus reservas estratégicas.
“La geopolítica genera mucho ruido, pero ni los acontecimientos de Venezuela ni los de Irán deberían alterar el panorama general. Prevemos que los precios del petróleo [WTI, de referencia en EEUU] se mantendrán en torno a los 50 dólares durante gran parte de 2026, posiblemente con alguna desviación de esta tendencia en las próximas semanas”, explica Norbert Rücker, director de Investigación Económica y Next Generation dela consultora Julius Baer.
La versión ampliada del cártel del países grandes productores (OPEP+), encabezada por Arabia Saudí y Rusia, y entre los que se encuentra también el propio Irán, ha evitado pronunciarse sobre los últimos acontecimientos geopolíticos. Los ocho países de la OPEP+ reafirmaron a principios de este año su decisión de mantener estable su oferta al menos hasta el próximo mes de abril.
Estos ocho países aplicaron en 2023 recortes voluntarios de producción para intentar sostener los precios y evitar el continuo declive, pero a partir de abril de 2025 comenzaron a revertir esas reducciones mediante incrementos mensuales, aunque todavía falta por reincorporar al mercado unos 1,65 millones de barriles diarios en relación a los niveles previos. Pero el pasado noviembre, la alianza decidió pausar esos incrementos de producción durante el primer trimestre de este año debido a la “estacionalidad”.
“La geopolítica domina el mercado petrolero en este momento. Los riesgos principales son una escalada de la inestabilidad, una intervención externa y, por consiguiente, interrupciones en el suministro de petróleo. Sin embargo, el mercado petrolero presenta superávit, Oriente Medio tiene capacidad de producción disponible y el Gobierno de EEUU está muy centrado en contener la inflación para los consumidores estadounidenses. Este contexto debería limitar los riesgos de interrupción hacer que cualquier aumento repentino del precio del petróleo sea efímero”, sentencia Rücker, de Julius Baer.
El ‘plan Trump’ para Venezuela
El plan de la Casa Blanca pasa por tomar el control total del petróleo venezolano, y hacerlo de manera indefinida. Controlar cuánto se produce, qué empresas lo producen y, sobre todo, a quién se vende (y también a qué precio, poniendo fin a los grandes descuentos que hasta ahora disfrutaba China en sus importaciones como cobro en especie de préstamos acumulados). Pero conseguirlo no será rápido ni será fácil porque habrá que reconstruir gran parte de las infraestructuras del sector petrolero venezolano, que han quedado obsoletas tras años de falta endémica de inversiones, de gestión deficiente y como resultado de las sanciones internacionales del propio Estados Unidos contra el régimen chavista.
Para ello, el Gobierno de Estados Unidos tiene que convencer a grandes petroleras internacionales (no sólo norteamericanas, también europeas) de desplegar inversiones astronómicas a cambio de unos retornos cuando menos inciertos. El propio Trump reunió hace una semana en la Casa Blanca a una veintena larga de ejecutivos de los gigantes petroleros mundiales (como Chevron, Exxon Mobil, ConocoPhillips o Tallgrass, también la española Repsol) para convencerlos de invertir “al menos 100.000 millones de dólares” (unos 86.000 millones de euros). El objetivo es “incrementar la producción de petróleo a niveles nunca vistos antes”, lo que en principio pasaría por volver en algún momento a los tres millones de barriles diarios.
No obstante, los grandes centros de análisis (Wood Mackenzie, Hart Energy, Quantum...) apuntan a que serán necesarias inyecciones mucho mayores, que van de los 10.000 a los 20.000 millones cada año al menos durante una década (hasta 200.000 millones en total en el escenario más ambicioso) para reactivar la industria venezolana. Las estimaciones de Rystad Energy, una de las grandes consultoras especializadas en análisis e investigación sobre el negocio energético, apuntan a que serían necesarias inversiones de 36.000 millones de dólares simplemente para mantener los niveles de producción actuales; que habría que inyectar 110.000 millones para alcanzar los dos millones de barriles diarios (muy por debajo del máximo de hace dos décadas) en el entorno de 2030; y que para lograr el objetivo de volver a los tres millones de barriles diarios producidos el esfuerzo inversor se dispararía hasta los 185.000 millones hasta 2040.
Incentivos y garantías
Algunas de las compañías muestran sus reticencias a lanzarse a desembolsar inversiones millonarias por la desorbitada incertidumbre de la aventura en un país como Venezuela. E incluso las petroleras que sí que confirmaron su disposición a atender la petición de la Administración Trump e invertir con fuerza (como Chevron o la propia Repsol) lo hicieron con un ‘sí, pero con condiciones’. Sólo si se dan las condiciones de seguridad jurídica e incluso seguridad física imprescindibles, algo que Trump insiste en que estará garantizado.
El directivo que está siendo más claro sobre su reticencia a regresar al país latinoamericano es Darren Woods, consejero delegado de ExxonMobil, cuyos activos en Venezuela han sido confiscados y nacionalizados por dos veces en las últimas décadas. "Como pueden imaginar, entrar una tercera vez requeriría cambios significativos respecto a lo que históricamente estamos acostumbrados. Con las estructuras legales y comerciales y los marcos [regulatorios] que existen hoy, Venezuela no está para invertir ", sentenció el jefe Exxon delante del propio Trump. De hecho, la propia Exxon y ConocoPhilips mantienen abiertas pleitos internacionales para reclamar indemnizaciones milmillonarias por las confiscaciones pasadas.
“Las empresas tendrán mucho cuidado para volver. El precio del petróleo ahora está cerca de los 60 dólares por barril y seguro que seguirá cayendo hasta los 55 dólares por barril. Eso es relevante porque las petroleras en un ambiente de precios bajos tienden a ser cuidadosas sobre dónde invertir. Y Venezuela seguramente no será una de sus prioridades”, explica Jorge León, vicepresidente de la consultora Rystad Energy. El petróleo venezolano es especialmente pesado y ácido, muy espeso, por lo que extraerlo y tratarlo es comparativamente más caro que en otros países productores (unos 30 dólares por barril, frente a los cerca de 10 dólares en Arabia Saudí). Unos precios del petróleo cada vez más baratos dificultan que salgan los números a las corporaciones internacionales.
Impacto en los consumidores
El escenario en el que se mueve actualmente el mercado petrolero diluye el impacto de los shocks geopolíticos sobre el bolsillo de los consumidores… al menos a la espera de los acontecimientos en Irán. La gasolina y el diésel dependen del precio del barril –en este caso, del Brent, que es el de referencia en Europa-, pero también de la cotización de los productos ya refinados, de los impuestos que se aplican y de los márgenes comerciales de las petroleras. Según el profesor de EAE Business School, Víctor Ruiz Ezpeleta, una variación de entre el 10% y el 15% en el precio del petróleo, supondría una oscilación de entre el 5% y el 10% en los carburantes, esto es, de unos 10 o 12 céntimos por litro.
Además, cualquier variación en los precios de la materia prima no se se traslada al precio que paga el cliente final por los carburantes de manera inmediata, aunque con distinta rapidez si se trata de subidas o de bajadas del precio. Se trata de los conocidos en la jerga sectorial como ‘efecto cohete’ y ‘efecto pluma’, que describen la asimetría en la que los precios de los combustibles suben rápidamente (como un cohete) cuando el precio del petróleo sube, pero bajan muy lentamente (como una pluma) cuando el precio del crudo disminuye.
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