"Yo no quiero que mis hijas sean felices, quiero que vivan todas las emociones". Esta frase tan reflexiva nos lanzaba Mar Romera en esta ponencia. ¿Es bueno educar a nuestros hijos e hijas en ser felices? La respuesta es afirmativa, pero debemos recordar que no se puede estar siempre feliz, debemos permitirnos sentir todas nuestras emociones. Pero podemos dar a conocer a nuestros hijos una felicidad a partir de la cual se conozcan, se acepten y se quieran como son, se consideren capaces de superar retos y amen la vida.

Hijos felices que se sienten capaces, toman decisiones y son responsables

"La felicidad está ligada al sentimiento de capacidad”. “Si nuestros hijos sienten que superan retos, que pueden resolver los problemas que van teniendo y que tienen fortalezas y talentos, ese es un poder que nadie le podrá quitar”, tal como nos dice la psicóloga Begoña Ibarrola en nuestra plataforma, en la que nos da las claves para fortalecer la autoestima y seguridad de nuestro hijos en sí mismos. Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y fomentar su responsabilidad son otras de las claves que nos ofrece Antonio Ortuño, que considera que “la felicidad y la responsabilidad se llevan muy bien”.

Hijos felices que mantienen relaciones positivas

Como animales sociales que somos, nuestro bienestar está muy determinado por el tipo de relaciones que entablamos con los demás. Y en esto tiene mucho que ver las relaciones que establecerá con las figuras de referencia, los padres y madres. Cómo comunicar de forma positiva, respetuosa y asertiva (criticando la conducta, pero no a la persona, poniendo nombre a las emociones, reclamando y siendo ejemplo de respeto), cómo gestionar de un modo constructivo los conflictos (aprendiendo a negociar y a establecer acuerdos) y las claves para usar el efecto Pigmalión en positivo (esto es, creer en ellos para que alcancen su mejor versión).

Hijos felices que conocen y saben gestionar su mundo emocional

Si nuestros hijos conocen sus emociones y aprenden a regularlas, se sentirán verdaderamente protagonistas de su vida y no rehenes de unas emociones que los dominan. Como nos decía Begoña Ibarrola, “si educamos personas empáticas, sensibles, con regulación emocional, que se conozcan bien, con una autoestima fuerte, os digo que el mundo cambiaría”Ayudar a entender sus emociones, a ponerles nombre y a legitimarlas son las bases de esta gestión emocional.

Hijos felices que ante un error aprenden y no rumian la frustración

A nadie nos sale bien las cosas a la primera. Por eso es importante, para el bienestar de nuestros hijos, que sepan convertir la frustración en una oportunidad para aprender, que pongan el foco en soluciones en lugar de en problemas. Darles ejemplo con nuestra propia actitud, preguntarles por alternativas o posibles soluciones cuando nos expongan un problema y, también, legitimar su enfado sin promover pensamientos rumiantes son algunas de las claves.

Hijos felices que aman la vida, a pesar de las dificultades

Sin negar que la vida tiene sus sinsabores, tal como señala Natalia Ginzburg, “lo que debemos realmente apreciar en la educación es que a nuestros hijos no les falte nunca el amor a la vida”. Tener proyectos, objetivos, ilusiones, un ocio activo y constructivo, descubrir y alimentar las ilusiones y vocaciones ayuda sin duda a llevar una vida más satisfactoria, sobre todo si los padres somos ejemplo de esto.