2021, el año en el que empezamos a salir de esta situación, el año en el que vemos luz al final del túnel, el año de la vacuna. Estamos todos felices de que llegue al fin eso que todos estamos esperando y que tanto necesitábamos para volver a la normalidad que realmente deseamos. La vacuna de del covid-19 se ha conseguido en el menor tiempo posible gracias a un gran esfuerzo de entidades de todo el mundo y que hace más de cuatro meses que se administra en nuestro país. 

Los países desarrollados desde luego que tienen vacunas; tienen por doquier y hay países que incluso han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población, pero eso no pasa en los países subdesarrollados. En el mejor de los casos, esos países comenzarán a administrar la vacuna en el 2024, y para cuando eso pase, nosotros ya estaremos inmunizados.

El problema lo encontramos en que, si no vacunamos también a los países con bajos ingresos, el virus seguirá propagándose tranquilamente y mutando, hasta que llegue una nueva cepa que consiga esquivar los anticuerpos y empiece la pesadilla otra vez en todo el mundo. Esto no es tan solo una cosa de los países pobres, nos incumbe a nosotros también. 

Un reparto de vacunas desigual entre los países

Estos países no consiguen sus vacunas por dos razones: la primera y la más obvia es que la organización que se ha hecho para distribuir las dosis es totalmente desigual, dejando a millones de personas sin vacunas; la otra es que las farmacéuticas venden al "mejor postor", cosa que hace que un país que tenga bajos ingresos, injustamente no tenga la cura a un virus que está presente tanto o más que en el país de altos ingresos.

Una pena que se empiece a hablar ahora de la vacunación mundial, su desigualdad y su gran necesidad, sobre todo en los países pobres. Si echamos la vista atrás, el problema de dar vacunas a unos más que a otros buscando beneficios, cuando es la muerte de millones de personas lo que está sobre la mesa, es un problema que ha ocurrido durante mucho tiempo.

En las últimas décadas, las tasas de vacunación infantiles han aumentado de un 20 a un 84 por ciento, pero hace cinco años que este avance se ha estancado en los niños que viven en los países más vulnerables. Más de 13 millones de niños no han recibido ninguna vacuna en el 2018 y alrededor de 182 millones de niños no recibieron ni la primera dosis del sarampión entre el 2010 y el 2018, cosa que ha condicionado que millón y medio de niños vulnerables hayan muerto porque no se le ha administrado una vacuna que en los países ricos sobran.

Problemas con las vacunas, ¿hay culpables?

Pero no nos tenemos que quedar con la simple queja de que las farmacéuticas son las únicas culpables, ellas al fin y al cabo son una empresa que intenta conseguir todas las dosis posibles y realmente, cuanto más dinero ganen en poco tiempo, antes acelerarán su producción y antes nos llegarán las dosis a todos.

Tampoco tenemos que pensar que los gobiernos mundiales son los "auténticos culpables"; es cierto que podrían hacer una distribución mejor, pero ellos intentan conseguir todas las dosis que pueden a sus ciudadanos, que es realmente lo que les importa.

El culpable es todo el sistema en su conjunto y la conciencia del verdadero peligro y alcance de este virus, y el objetivo de esto es que seamos conscientes de la gran cantidad de gente que va a morir porque no se les ha tenido en cuenta, y esas personas, que están en un país subdesarrollado, tienen por tanto una peor situación médica que nosotros, y eso es prioritario abordarlo para afrontar definitivamente ese serio problema que estamos viviendo.

Ahora que se empieza a hablar, ahora que la vacuna y las dosis están presentes en nuestras vidas, pensemos que el no tener dosis para cualquier enfermedad es algo que los países pobres llevan viviendo desde hace décadas y ese es el verdadero “virus” de nuestra civilización.