Una pieza de pequeñas dimensiones está ocasionando un problemas de grandes proporciones en la industria mundial. Se trata de los semiconductores, unos microchips que son indispensables para múltiples sectores y productos, desde aparatos electrónicos como ordenadores, móviles o videoconsolas, a coches, neveras o ascensores.

Por los efectos de la pandemia, se ha disparado la demanda de estos componentes que se fabrican fundamentalmente en países asiáticos, lo que está afectando de lleno a toda la industria mundial, también a la aragonesa, que han tenido que parar de fabricar algunos productos por la escasez de microprocesadores.

Nieves Ágreda, subdirectora de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza, explica que cada vez más sectores industriales incorporan estos elementos, los microchips, que permiten almacenar datos y acceder a información. Lo que ha ocurrido ahora es que, con la crisis sanitaria del covid, ha habido un incremento muy importante en la demanda de estos componentes. 

Fábrica de microchips en un país asiático, donde se producen la mayor parte de estos componentes. EL PERIÓDICO

Causas: la pandemia y el sector del automóvil

«Por un lado, durante la pandemia se incrementó el consumo de ordenadores, servidores y aparatos electrónicos, todos ellos equipos que incorporan estos componentes. Junto a esto, la demanda del sector del automóvil también ha empezado a aumentar, porque se ha recuperado pronto de la pandemia y estos componentes se usan en los nuevos vehículos conectados», indica Ágreda. 

Según la también responsable de Internacionalización de Cámara Zaragoza, en estos momentos «la demanda es muy superior a la oferta», y esta «no va a disminuir en el futuro, sino que va a aumentar». La escasez de microchips no es un problema nuevo, ya ocurría, pero «nunca se había producido una crisis tan grave y tan larga». 

Efectos de la crisis de los microchips en Aragón

La situación se deja notar incluso en Aragón. «Es un problema global que afecta a muchos tipos de industria, pero uno de los sectores más afectados es el de la automoción, que supone el 20% de la demanda de microchips, y en Aragón es un sector muy importante», explica Ágreda.

La gran fábrica de coches de Stellantis en Figueruelas, así como todos los proveedores de piezas de automóvil que existen en en la comunidad, están teniendo que adaptarse a la situación, con paradas de producción, la salida de cientos de empleados temporales y la aplicación de ertes.

La baja disponibilidad de microprocesadores también afecta a otras ramas de la industria aragonesa, además del automóvil. Es el caso del fabricante de electrodomésticos BSH que también ha reducido turnos de trabajo y que, por ejemplo, fabrica ahora menos lavadoras que antes.

Planta de fabricación de electrodomésticos de BSH en el barrio zaragozano de Montañana. ÁNGEL DE CASTRO

Un problema con difícil solución

La solución al problema de abastecimiento no es fácil. Según Nieves Ágreda, los productores asiáticos están a tope pero no dan a basto para cubrir todos los pedidos. «Se tiene que ampliar las plantas pero no es algo que pueda hacerse de un día para otro. Este tipo de industria requiere de una gran inversión de capital», detalla la experta.

La crisis de los microchips demuestra la gran dependencia en una economía cada vez más globalizada. «Cualquier crisis en el suministro o el transporte, como sucedió hace poco con el atasco en el canal de Suez, enseguida se traslada a nivel global», señala Ágreda. Además, en Europa no hay fabricantes de microchips porque las empresas los compran a países asiáticos, sobre todo Taiwán y Corea. 

Europa quiere hacer fábricas de microchips

«Durante la pandemia vimos que había que repensar la cadena de suministros, tratar de garantizar que al menos un porcentaje de suministros esenciales pueda estar en un mercado mucho más próximo, para evitar esa dependencia de Asia», sostiene la subdirectora de Cámara Zaragoza.

En plena guerra tecnológica entre Estados Unidos y China, reducir esta dependencia es un objetivo prioritario para el viejo continente. Europa quiere que un 20% de la demanda de este tipo de componentes proceda de fábricas europeas, ya que «ahora mismo la dependencia es total».