Y ahí me encontraba yo, en medio del bosque con mi prima. 

Estábamos con los pelos de punta de miedo, y solo se oían unos ruidos que provenían de…

Mejor empiezo desde el principio.

Yo soy una de las mejores detectives de este país, y tengo una ayudante que es mi prima Luisa. Nos llaman todos los días miles de personas para que les resolvamos sus problemas y nunca hemos fallado un caso.

Ahora que ya me he presentado, os voy a explicar este tan singular.

Todo comenzó un día cualquiera. Estábamos Luisa y yo en casa. Ese día me llegó una carta de un hombre que decía ser el alcalde de un pueblecito no muy conocido. En la carta ponía que cada día desaparecía una persona del pueblo y era muy preocupante. En ese momento avisé a mi prima y nos pusimos de camino a aquel pueblo llamado Boul. 

Cuando llegamos, el alcalde y algunas personas nos recibieron muy angustiados, gritándonos de miedo. 

Estuve hablando con cada una de las personas que había y todas coincidían con un mismo relato: todos los días por la noche desaparecía una persona y no dejaba rastro, aunque algunos sí que añadían que habían visto a un monstruo rondando por las calles.

Eso me pareció rarísimo y me propuse encontrar primero una explicación racional al asunto. Después me puse a investigar las casas de los desaparecidos, pero no había ningún rastro, excepto que todas las casas tenían un olor horrible como a basura. Mi prima y yo nos alojamos en una vivienda del pueblo durante varios días, para poder vigilar el poblado por por las noche, pero ni rastro de los desaparecidos.

Estábamos desesperadas ya que aún no habíamos descubierto nada y nunca habíamos fallado en nuestro trabajo.

De repente, un día llovió, por lo que al día siguiente pudimos ver unas huellas gigantes, las seguimos y observamos unas luces casi invisibles a lo lejos del bosque que rodeaba a Boul. Luisa y yo, sin pensarlo, corrimos por todo el bosque. El día se fue acabando y se hizo de noche. Estábamos en el bosque a oscuras, y las únicas luces que nos guiaban eran las que habíamos visto anteriormente. Íbamos lentamente porque el bosque estaba lleno de barro cuando oímos unos ruidos y se nos erizaron los pelos.

Y ahí estaba yo, en medio del bosque con mi prima con los vellos de punta de miedo. Solo se oían unos ruidos que provenían de… ¡Una cueva!

Eran ruidos un poco extraños, así que fuimos con cautela. Cuando fuimos a entrar, vimos un monstruo de verdad, ¡no podía ser!

Al lado de este, se encontraban personas atadas intentando escapar de allí. Y en ese momento, el monstruo se quitó la cabeza y debajo había ¡un hombre! Tenía la pinta de que no se duchaba en días y olía como las casas.

Lo pillamos por sorpresa y lo capturamos. 

Le estuve interrogando mientras mi prima liberaba a los ciudadanos. 

-¿Qué haces aquí?, le pregunté.

-Soy un ciudadano pobre y sin recursos al que el pueblo no quiere ayudar, -dijo. -Llegué hasta el punto de que no podía comer, y un día me encontré este disfraz de monstruo y se me ocurrió una idea.

-¿Y por qué secuestras a estas personas inocentes?

-Porque luego iba a sus casas a coger comida y ropa-afirmó.

Yo viendo este asunto, les hice llegar a un acuerdo tanto a los del pueblo como al secuestrador. Si ellos le ayudaban y le prestaban comida, él nunca más robaría a nadie. 

Y así fue como terminó otra de mis aventuras. 

Hasta la próxima.