Gran parte de la autoestima de las personas que utilizan redes sociales a diario, puede depender de la cantidad de likes que reciben en sus publicaciones, de la cantidad de followers o del número de visualizaciones que han tenido sus vídeos de TikTok.

Pasamos horas y horas delante del móvil, usando aplicaciones y redes sociales como Instagram o TikTok, las cuales se han convertido, en un tremendo escaparate, en una potentísima herramienta de publicidad y márketing.

¿Pero cómo afecta esto a las emociones de jóvenes y adolescentes?

Ansiedad, baja autoestima y compulsividad

Nos comparamos continuamente con influencers y otras personas que cuentan con un gran número de seguidores en sus perfiles personales y pensamos que el éxito o la felicidad depende de la cantidad de followers. Esto hace bajar nuestra autoestima, sintiéndonos inferiores, ya que pensamos que le importamos a menos gente o que no tenemos tantos amigos.

En la adolescencia se busca la popularidad, ser acogido o acogida por un grupo de amigos y amigas e ir a la última. Las redes sociales nos dan a conocer cuáles son los últimos productos a la venta, las nuevas tendencias y modas, generando necesidades que antes no teníamos. Creemos que necesitamos muchos de los productos que nos enseñan, para ser más aceptados y esto hace que compremos de forma compulsiva algunas cosas que, en realidad no necesitamos, sólo por intentar parecernos a los y las influencers de moda.

Baja tolerancia a la frustración

El hecho de poder comprar cualquier cosa desde el sofá de casa y tenerlo en nuestras manos a los pocos días de haberlo pedido, hace que no podamos desarrollar el valor de la paciencia, de la espera e incrementa las ansias de querer tenerlo todo, aquí y ahora. Esta inmediatez nos hace caprichosos e impacientes y, si no podemos conseguir lo que queremos justo cuando lo pedimos, nos enfadamos o entristecemos, lo que se llama baja tolerancia a la frustración.

Falta de control de tiempo

La alta cantidad de horas que dedicamos al móvil y a redes sociales hace que perdamos tiempo que podríamos estar dedicando a otras actividades más productivas como pasar tiempo en familia, hacer deporte, estudiar, hacer deberes o simplemente teniendo una conversación real, cara a cara, con amigos, sin móviles de por medio. Cuando nos falta tiempo para hacer las tareas que teníamos previstas, nos agobiamos y desarrollamos estrés, lo cual, de forma prolongada puede convertirse en ansiedad. Por tanto, debemos aprender a organizar nuestro tiempo, especialmente si nos encontramos en épocas de exámenes.

Nerviosismo y falta de gestión de emociones

Adolescentes, jóvenes y adultos, estamos acostumbrados a ver en este tipo de redes sociales solo la parte buena y bonita de la vida. Esto todavía hace más complicado que aprendamos a afrontar situaciones negativas, pues lo socialmente aceptado es estar bien, evitar todo tipo de sufrimiento y buscar de forma constante refuerzos positivos inmediatos, los cuales, si no se consiguen, derivan en ansiedades y grandes frustraciones.

¿Es real todo lo que vemos en las redes?

Nos encontramos ante el peligro cada vez más en auge de las fake news, ante las cuales debemos desarrollar el pensamiento crítico, fomentando la reflexión y preguntándonos si es real o no eso que estamos leyendo o viendo en Internet.

El móvil, las redes sociales, las apps… forman parte de nuestro día a día, nos facilitan la vida en muchos sentidos, nos ayudan a comunicarnos, pero también pueden llegar a ser peligrosas si no hacemos un uso responsable de las mismas. Debemos tener un control del tiempo que invertimos en ellas y de cómo afectan a nuestras emociones y a nuestra vida personal, sabiendo diferenciar lo real de lo irreal y aprendiendo a gestionar nuestras emociones y evitando que, especialmente las redes sociales, puedan dañar nuestra autoestima o la de los demás.