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Adolescencia y bienestar emocional

Dos jóvenes sonríen mientras se tapan la cara con sus manos pintadas.

Dos jóvenes sonríen mientras se tapan la cara con sus manos pintadas. / Freepik

Marta Soro Sancho

Maestra especialista en Audición y Lenguaje, Licenciada en Psicopedagogía y Doctora en Educación

Durante la adolescencia vivimos momentos de incertidumbre, miedos y preocupaciones recurrentes que nos hacen estar en alerta constante. La aceptación de los cambios físicos y psicológicos, las responsabilidades personales y académicas, las nuevas relaciones sociales, así como los cambios de pensamiento nos adentran en un círculo de estrés, que, en ocasiones, nos aleja de la claridad y el equilibrio emocional. ¿Cómo podemos gestionar esta situación? 

  •  Gratitud. Agradecer las experiencias que vives conectando con la generosidad y la amabilidad de los demás, nos hace ser más compasivos y crear más redes de apoyo que fortalecen nuestro equilibrio emocional.
  • Observar y aceptar las emociones. Abrazar, sin juzgar, las emociones que experimentamos, ya sea alegría, enfado o soledad, nos permite identificarlas y comprenderlas para aprender a canalizarlas en cualquier momento. Todas están bien.
  • Gestionar la rabia. Los momentos de enfado son una señal de alarma que nos ayudan a superar obstáculos que nos importunan. Indaga en los motivos de la rabia, aprende a reconocer sus signos, acepta que no puedes cambiar a los demás y esfuérzate por escuchar los argumentos del otro. 
  • No compararse con otras personas. Conocer nuestras cualidades y áreas de mejora nos hace ser auténticos. Céntrate en lo que se te da bien y poténcialo al máximo. 
  • Cuerpo sano, mente sana. El deporte libera endorfinas y serotonina que hacen que mejore nuestro estado de ánimo. Además, el cuerpo genera dopamina que nos ayuda a tener mayor motivación, agilidad mental y un aprendizaje más eficiente. 
  • Crear un entorno propicio. El desorden también puede influir en nuestro estado de ánimo personal. Por ello, deshacerse de lo que no necesitamos y poner en orden nuestras cosas nos permite preparar el ambiente para clarificar las ideas. 
  • Hablar en positivo. Las palabras que utilizamos repercuten claramente en nuestra manera de ver el mundo. Elegir palabras positivas en nuestras conversaciones nos ayuda a tolerar la frustración, fortalecer la autoestima y fomentar la cooperación.  
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