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El control digital y el ciberacoso, formas frecuentes de violencia contra las mujeres, según el IAM

El Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) alerta del aumento de la violencia digital contra las mujeres, especialmente entre las jóvenes, un problema que se manifiesta en redes sociales y plataformas digitales

'No son muertes, son asesinatos', en un cartel de las manifestaciones feministas del 25N.

'No son muertes, son asesinatos', en un cartel de las manifestaciones feministas del 25N. / Jaime Galindo.

Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

Cada 25 de noviembre se recuerda que la violencia contra las mujeres sigue siendo una realidad que adopta formas nuevas, silenciosas y, a veces, difíciles de detectar. En los últimos años, el espacio digital —redes sociales, plataformas de mensajería, videojuegos online— se ha convertido en un escenario más donde se reproducen agresiones, acoso y control. Para adolescentes y jóvenes, que viven parte de su vida a través de una pantalla, estas violencias pueden normalizarse o pasar desapercibidas.

Violencia incipiente

Los profesionales alertan de que este tipo de violencias «se están empezando a detectar más a menudo». La directora del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM), María Antoñanzas, explica que se trata de «una violencia incipiente», especialmente entre los jóvenes.

En Aragón, en lo que llevamos de año, los Caivis han atendido a 214 mujeres; cuatro de ellas por violencias digitales. Los Caivis son centros de atención integral a víctimas de violencia sexual, ofrecen información y atención social, psicológica, jurídica y educativa tanto a mujeres como a menores a partir de 12 años, así como a su entorno y a profesionales de distintas áreas.

Antoñanzas insiste en la necesidad de concienciar sobre este tipo de violencias porque «al darse en la red son más difíciles de detectar». Por ello, desde el IAM han preparado actividades dirigidas a la población más joven para enseñarles a identificar estas situaciones y saber cómo actuar si las sufren o conocen algún caso.

Protestas estudiantil por el Día de la Mujer.

Protestas estudiantil por el Día de la Mujer. / CARLA GREENWOOD

Actitudes camufladas

Las violencias digitales adoptan formas muy distintas, pero todas comparten un mismo efecto: traspasan la pantalla y afectan directamente a la vida, la autoestima y las relaciones de quienes las padecen. En palabras de Antoñanzas, «pasan desapercibidas porque, en muchos casos, se confunden con un amor romántico».

Explica que a veces «se mal interpreta» la preocupación con el acoso. «Muchas chicas permiten este tipo de actitudes porque piensan que, si su novio les exige activar la geolocalización del móvil, es porque se preocupa por ellas, no porque quiera saber dónde están en todo momento, qué hacen y con quién».

Entre las formas más frecuentes están el ciberacoso —que va desde insultos y rumores hasta campañas de humillación—; el control digital, como revisar el móvil, pedir contraseñas o exigir la ubicación en tiempo real; y la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, una agresión que puede desembocar en chantaje o sextorsión.

También son comunes la suplantación de identidad para manipular amistades o relaciones y los comentarios machistas o sexistas normalizados, que refuerzan estereotipos y generan entornos hostiles para muchas chicas. Aunque estas dinámicas ocurren en espacios virtuales, su impacto es muy real: ansiedad, aislamiento, miedo a participar en redes o incluso abandono de actividades escolares.

Para la juventud, estas violencias se amplifican debido a la presión social y afectiva que se vive en redes: necesidad de gustar, de responder rápido o de demostrar «confianza» compartiendo claves secretas o fotografías.

La normalización del control en las relaciones, disfrazada de «prueba de amor», hace que muchas señales de alarma pasen desapercibidas. A esto se suma la falta de educación digital y el desconocimiento de los riesgos y de los recursos disponibles. Y, en un entorno donde cualquier contenido puede viralizarse en cuestión de minutos, el daño emocional se multiplica: lo que empieza en un chat privado puede terminar frente a cientos de personas.

Jóvenes con moviles.

Jóvenes con moviles. / JOAN CORTADELLAS

El primer paso es hablarlo

La directora del IAM insiste: «La violencia ocurre, por desgracia, todos los días, no solo el 25N», y recuerda que «son muchas las mujeres a las que les da miedo hablar o contar sus experiencias». En este sentido, el IAM se convierte en esa amiga, hermana o madre que acompaña cuando más se necesita.

En días como hoy se subraya que «ninguna mujer está sola», que existe ayuda disponible y que siempre encontrará apoyo en centros como el Instituto Aragonés de la Mujer. El IAM dispone del teléfono gratuito 900 504 405, activo las 24 horas, todos los días del año, y que no deja rastro en la factura.

Además, los Caivis —ubicados en las tres capitales de provincia— atienden de forma confidencial y permanente a través de la misma línea 900. Antoñanzas pide «que llamen y que pregunten, que no pasa nada por buscar ayuda».

Una reivindicación necesaria

Este 25N vuelve a recordarnos que la violencia contra las mujeres no entiende de espacios ni de edades, y que la digitalización también exige nuevas formas de prevención y acompañamiento.

Hablar, pedir ayuda y compartir lo que ocurre es siempre el primer paso para romper el aislamiento y frenar la violencia. Porque ninguna mujer debe enfrentarla sola, y porque reconocerla y actuar a tiempo puede marcar la diferencia.

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