Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Emociones y decisiones: estos son los consejos de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía para saber cómo actuar

Entender nuestras reacciones ante situaciones conflictivas es clave, ya que la interpretación personal y el estado emocional influyen en cómo respondemos, como la ira ante un empujón inesperado

Emociones y decisiones: estos son los consejos de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía para saber cómo actuar

Emociones y decisiones: estos son los consejos de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía para saber cómo actuar / Freepik

Toñi Morcillo

Zaragoza

¿Te has parado a pensar y reflexionar sobre el porqué de tus reacciones y respuestas ante situaciones cotidianas que pueden derivar en conflicto? Por ejemplo, un compañero te empuja cuando baja muy deprisa las escaleras del instituto adelantándote y tú le increpas y le insultas hasta que desaparece de tu campo de visión. ¿Por qué has reaccionado así? ¿Conoces a esa persona? ¿Sabes por qué bajaba tan deprisa que ni te ha perdido perdón? ¿Crees que lo ha hecho conscientemente o ha sido sin querer?

Seguramente no sabes las respuestas, pero tú has reaccionado creyendo que te ha empujado adrede, incluso llegas a pensar que quería tirarte al suelo y no ves ningún motivo que justifique su conducta. Sin embargo, esa persona podía tener otras razones para correr escaleras abajo y tú no figurar entre ellas.

A menudo, solemos confundir lo que realmente sucede a nuestro alrededor con lo que interpretamos de esa situación. Según sea nuestro estado de ánimo, lo que está sucediendo lo vamos a interpretar de una manera o de otra, dependiendo de las emociones que estemos sintiendo en ese momento. Si tú estás enfadado o de mal humor porque se te ha dado mal un examen o has discutido con alguien, ante una situación como la mencionada anteriormente, vas a responder llevado por la ira y el enfado. Sin embargo, si tu estado emocional es de calma, bajas las escaleras camino de la cafetería tranquilamente, no vas a reaccionar igual ante la conducta del compañero que te empuja. Pensarías algo sobre esa persona, pero no le increparías ni le insultarías, puede que incluso llegaras a pensar que le ocurre algo.

En ocasiones, las emociones llegan demasiado rápido y son tan intensas que nos dejamos llevar por ellas, no reflexionamos sobre las circunstancias que están ocurriendo, sino que tenemos el impulso de reaccionar sin pensar. Eso nos lleva a equivocarnos numerosas veces porque no ejercemos el control de nuestras propias emociones y son estas las que dirigen nuestras conductas de respuesta.

Ante cualquier situación que vivimos tenemos que observarla lo más objetivamente posible, analizarla, ver qué está realmente sucediendo, sin especular ni imaginar ni suponer, para poder responder de una manera adecuada o simplemente no responder.

Por eso es importante detenernos un momento y reflexionar sobre lo que estamos viviendo: qué pasó, cómo nos sentimos y por qué. Cuando entendemos la situación con calma, podemos elegir cómo actuar en lugar de dejarnos llevar por el enojo, la tristeza o el impulso. Pensar antes de responder nos ayuda a tomar mejores decisiones, cuidar nuestras relaciones y actuar de una forma que realmente nos represente.

Cuando actuamos solo guiados por las emociones, podemos decir o hacer cosas de las que luego nos arrepintamos. En cambio, reflexionar antes de responder nos ayuda a elegir una conducta más adecuada, respetuosa y acorde a nuestros valores. Pensar antes de actuar no significa ignorar lo que sentimos, sino aprender a manejar nuestras emociones para tomar decisiones más conscientes y responsables, que nos ayuden a crecer y a convivir mejor con los demás.

Tracking Pixel Contents