"Muchas formas de celebrar", la reflexión de un alumno de Zaragoza sobre cómo disfrutar el 23 de abril
El artículo 3.4 del Estatuto de Autonomía de Aragón establece que el 23 de abril es el Día de Aragón, aunque muchos lo relacionan con San Jorge, patrón de la comunidad desde 1461

Día del Libro en en el paseo de Independencia de Zaragoza / JOSEMA MOLINA
Daniel García-Escudero Sánchez
Cuando pienso en el 23 de abril, siempre me viene a la cabeza una imagen de la infancia: los puestos de librerías bajo las arcadas del paseo de la Independencia de Zaragoza. Como muchos (sobre todo aquellos en edad escolar) ya sabrán, el 23 de abril es el Día del Libro, y siendo, como soy, un ávido lector, para mí siempre ha sido el día en el que compraba lecturas, y conseguía lo que casi parecía imposible: libros firmados por los autores.
Sin embargo, si ahora reflexiono sobre ello, me doy cuenta de la suerte que he tenido, y que tengo: yo no recordaría nada de ello si el 23 de abril no fuese un día festivo, si no fuese el día de Aragón.
La ley orgánica 5/2007, de la reforma del estatuto de autonomía de Aragón, dice en su artículo 3.4 que “el día de Aragón es el 23 de abril”. Sin embargo, muchos de los habitantes de la comunidad lo celebran como San Jorge, conmemorando la muerte del soldado romano que supuestamente ayudó a las tropas aragonesas a vencer en la batalla de Alcoraz contra la taifa de Saraqusta en el año 1096, y, por tanto, es el patrón de Aragón desde 1461.
A primera vista, puede parecer que celebrar este día tiene claras ventajas: une a los habitantes de Aragón y supone una oportunidad para conocer la historia y las instituciones democráticas de la región. A pesar de ello, algunos no apoyan la celebración de este día, dudando. Pensemos. ¿Qué celebramos en realidad el 23 de abril? ¿Es realmente San Jorge lo mismo que el día de Aragón? ¿Deberíamos los aragoneses dejar de celebrarlo?
Hoy en día, es innegable que vivimos en una sociedad donde culturas y religiones diferentes se mezclan, sin que ninguna haya de ser más importante que las demás. Por ello, algunos critican que celebremos las acciones de un soldado en una batalla en la que los cristianos ganaron a los musulmanes, en vez de una fecha relacionada con la institución de la autonomía, como hacen otras comunidades autónomas. Sin embargo, la historia de Aragón se remonta más atrás que las de la mayoría de ellas. Por otro lado, no solo damos importancia a nuestro pasado cristiano, sino también al islámico: prueba de ello es que las Cortes de Aragón estén situadas en el palacio musulmán de la Aljafería.
Por otra parte, hay quien critica o alaba el día por (supuestamente) ir a favor de valores nacionalistas o regionalistas. Pero el Estatuto es deliberadamente ambiguo: cada uno es libre de interpretar la fiesta como le parezca, bien como una celebración de la historia del Reino de Aragón o bien como una celebración de la existencia de la comunidad autónoma (o incluso una mezcla de las dos cosas). Además, mucha gente olvida que San Jorge era oriundo de Capadocia, en la actual Turquía.
Por ello, yo voy a seguir celebrando el día de Aragón este próximo 23 de abril. Sea para visitar el edificio Pignatelli, para comprar libros en el paseo de la Independencia o simplemente para descansar de la rutina, creo que todos apreciamos un día de fiesta. Y, por tanto, cada uno tiene derecho a decidir lo que celebra el 23 de abril, pero no tiene sentido rechazarlo.
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