Experta en comunicación no violenta explica cómo defenderte "sin liarla ni callarte"
Ante un mensaje que genera emociones fuertes, el primer paso es tomarse un tiempo para calmarse y cambiar de entorno, antes de reaccionar impulsivamente

Grupo de jóvenes amigos posando juntos / Freepik
Elena Diéguez Basalo
Te mandan un mensaje. Lo lees. Te hierve la sangre… o se te encoge el estómago. Sientes rabia o vergüenza o angustia.
Notas el calor en la cara, el pecho acelerado. La cabeza a mil por hora y en segundos haces una de estas dos cosas: explotas desde la rabia o te callas desde el miedo.
Y después se lía parda: o te rayas y la angustia se dispara o aparece esa voz que te dice: “Tenía que haber dicho algo. Soy lo peor".
No es que seas un exagerado o exagerada, es tu cerebro en modo defensa que no sabe hacer otra cosa.
Tu sistema nervioso está diseñado para protegerte. Cuando detecta amenaza —una burla, una risa en grupo, una indirecta en redes, un “te dejo en visto”— activa la alarma antes de que puedas pararte a pensar o analizar la situación con calma.
Para tu cerebro, quedar mal delante de otros es igual a estar en grave peligro. Por eso reacciona tan fuerte y se siente todo tan intenso por dentro.
Cuando la alarma se enciende, solo podemos hacer cuatro cosas: atacar, huir, bloquearnos o fingir que no pasa nada. Distintas formas de intentar proteger algo muy importante: tu seguridad y la pertenencia.
La buena noticia es que puedes entrenar a tu cerebro para que haga cosas distintas que te harán más fuerte por dentro.
Aquí van cuatro movimientos que te protegen sin dejarte expuesto:
1. Pausa física
Cuando tu sistema nervioso se activa, tarda varios minutos (a veces más) en bajar la intensidad. El primer paso más eficaz es darte tiempo real: cambia de lugar, respira más lento durante unos minutos y muévete un poco.
2. No resuelvas en público lo que te duele en privado
Puedes decir: ahora no o luego hablamos. Elegir el momento también es poder.
3. Respuestas cortas y sin guerra.
- “No lo veo así”
- “No me va”
- “Paso”
Sin insultos. Sin explicaciones largas. Sin gasolina.
4. Decide qué merece tu energía.
No todo comentario merece respuesta. Pero si algo te importa mucho, hablarlo con calma (y en privado) es más eficaz y te expone menos. Regular tu reacción inicial te hace libre y te devuelve poder. Porque cuando reaccionas en automático, no decides tú, decide tu alarma.
La verdadera fortaleza no es gritar más fuerte, ni desaparecer sin decir nada. Aprender recursos de comunicación y gestión de conflictos te permite elegir cómo actuar en las situaciones que te afecten, te da más poder que cualquier grito que puedas dar y te saca del bloqueo y del miedo que te llevan a callar.
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