Las claves para ayudar y ayudarse mutuamente
La sociedad occidental ha asociado erróneamente la petición de ayuda con un signo de debilidad, cuando en realidad fortalece las conexiones personales y la autoconciencia

Las claves para ayudar y ayudarse mutuamente / Freepik
Isabel Gil
Desde que nacemos necesitamos ayuda. "El hombre es un ser social por naturaleza" es una frase del filósofo Aristóteles (384-322, a. de C.) Nacemos con esta característica social y la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, ya que necesitamos de los otros para sobrevivir.
Nuestro cerebro es social, teniendo que aprender a vivir con los demás, a sentirnos iguales y diferentes, puesto que tenemos nuestra individualidad dentro de la sociedad. No es fácil, pero es necesario desarrollar hábitos de convivencia.
Ayudar y ser ayudado se puede convertir en una satisfacción de crecimiento personal.
Desde que nacemos hasta que llegamos a ser ancianos, en todas las etapas de la vida necesitamos ayuda y también la ofrecemos, es el JUEGO de la vida.
Es importante no solo fijamos en los éxitos. Cuando por ejemplo, vemos a un deportista de elite solo vemos sus logros sin pensar que puede necesitar ayuda en otros ámbitos, quizás de más joven tuvo dificultades en la lectura, en el cálculo, en conducir o todavía pueden persistir esas dificultades. En las redes sociales se suele ofrecer y exponer lo idílico y en muchas ocasiones detrás de esas fotografías, son personas que necesitan ayuda en otros aspectos.
En esta sociedad lo visual no nos puede cegar.
El solicitar ayuda en nuestra cultura se ha identificado como un síntoma de debilidad cuando no es así, todo lo contrario, nos hace más fuerte. Al pedir ayuda en cualquier situación hacemos ver que no tenemos ningún problema en reconocer o aceptar que no soy perfecto/a, ese nivel personal de autoexigencia baja, sintiéndome mejor conmigo mismo/a, reconociendo que tenemos ciertas debilidades y limitaciones.
El auténtico error consiste en creer que somos tan fuertes que podemos afrontarlo todo nosotros solos/as. Reconocer nuestra vulnerabilidad y pedir ayuda también implica abrirse al mundo, ser lo suficientemente flexibles como para escuchar opiniones diferentes a las nuestras y, sobre todo, nos permite conectar emocionalmente con las otras personas.
Las personas tenemos cualidades y necesidades, por ello el solicitar ayuda y ofrecerla hace que esta sociedad se enriquezca. No es lo mismo una sociedad que se compromete y ayuda que otra que muestra indiferencia, ahí nos empobrecemos. Y la sociedad la formamos cada uno de nosotros/as. Pedir ayuda forma parte del aprendizaje.
En ocasiones no sabemos cómo pedir ayuda o como poder ayudar.
Para solicitar ayuda es importante:
- Pensar como lo quiero decir.
- Decidir con quién hablar para solicitar esa ayuda. Alguien en quien confíes y con quien puedas hablar abiertamente, sin sentirte juzgado/a.
- Elige el momento y un lugar adecuados, donde te puedas sentir tranquilo/a.
Para ofrecer mi ayuda:
- Preguntar primero si requiere de nuestra ayuda. Si la respuesta es negativa, no debemos insistir, respetando sus tiempos y sus procesos, manteniéndonos siempre cercanos.
- Escuchar activamente cuando nos piden ayuda, sin juzgar.
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Eduardo Galeano.
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