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El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “Una idea muy buena que no hay en ningún otro centro”

Un rosco gigante, un puñado de letras y mucha creatividad han convertido el colegio San Agustín en un pequeño plató educativo donde aprender no es una obligación… sino un juego que todos quieren jugar

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro”

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro” / Servicio especial

Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

Los pasillos del colegio San Agustín de Zaragoza esconden este curso una sorpresa que ya está revolucionando las clases: un Pasapalabra gigante, construido en madera y completamente artesanal, con el que los alumnos pueden competir… mientras aprenden casi sin darse cuenta.

La idea nació hace tres años, pero no ha sido hasta ahora cuando el proyecto ha tomado forma. Su creador, Antonio Álvarez, profesor del centro, explica que el proceso ha sido tan ilusionante como laborioso: «ha sido largo, no solo por la propia estructura del juego, que mide 2.5 x 2.5m, sino por toda la preparación que lleva detrás. Queríamos que quedara lo mejor posible».

Explica Álvarez que muchas dinámicas de aprendizaje “están demasiado ligadas a las pantallas y, por ello, han querido “poner en valor lo real sobre lo virtual, también el trabajo con las manos”.

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro”

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro” / Servicio especial

Un juego de siempre para aprender de otra manera

El tablero reproduce el famoso rosco de Pasapalabra, aunque adaptado a las necesidades del colegio. Cada letra es una pieza de madera hecha a mano y, al igual que en el programa televisivo, los jugadores deben responder preguntas cuya solución empiece por esa letra o la contenga.

La diferencia está en el enfoque educativo. El profesor Antonio lo resume así: «tiene varios objetivos. Por una parte, impulsar el aprendizaje desde el juego; y por otra, trabajar la inteligencia emocional. Queremos que los alumnos aprendan conceptos, pero también a gestionar mejor sus emociones».

El docente comenta hay “mucho trabajo detrás” para cuidar tanto la funcionalidad como la estética. Además, no es solo el diseño de la estructura en sí, sino todo lo que implica: pensar su uso didáctico, adaptarlo a contenidos reales y convertirlo en una herramienta útil para su uso en las aulas.

Un recurso “real” en plena era digital

En un momento en el que casi todo ocurre en pantallas, este Pasapalabra XXL apuesta por lo contrario: manipular piezas, moverse por el tablero, ver y tocar el juego. «Es un recurso físico, y eso casi es raro hoy en día. Ponemos en valor lo real frente a lo virtual», destaca Antonio.

El invento sirve para cualquier asignatura: lengua, historia, biología, matemáticas… Solo hace falta adaptar las preguntas al contenido de cada curso. Y la respuesta del alumnado no puede ser mejor.

Para Pablo, por ejemplo, es “una idea muy buena que no hay en ningún otro colegio”. Elena cree que es muy original y les ayuda a “aprender de una forma más divertida”. Carlota se suma a las opiniones de sus compañeros y confirma que han aprendido palabras que “normalmente no utilizábamos”. Asimismo, Javier resume que es una actividad “muy interesante que requiere mucho trabajo previo que merece la pena”.

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro”

El colegio San Agustín de Zaragoza se pasa el juego: “una idea muy buena que no hay en ningún otro centro” / Servicio especial

Competir, divertirse y querer aprender

Las clases pueden enfrentarse entre sí, lo que añade emoción y un toque de sana competencia. Sobre todo, los chavales están motivados. «Es una actividad que les estimula, les divierte y les motiva a aprender. A los alumnos se les ve con muchas ganas de jugar y de aprender», asegura el profesor.

Y es que los alumnos han sido también artesanos, ya que han sido “parte esencial en su uso y desarrollo”. Apunta Álvarez que han participado “activamente” en la elaboración de los listados de preguntas y, sobre todo, viviendo la experiencia de aprendizaje de una forma mucho más implicada.

Un rosco gigante, un puñado de letras y mucha creatividad han convertido el colegio San Agustín en un pequeño plató educativo donde aprender no es una obligación… sino un juego que todos quieren jugar.

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