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¿Qué motivan los regalos a maestros? Análisis de una costumbre en debate al final de curso

Cada junio vuelve el debate sobre los obsequios a los profesores: entre el agradecimiento sincero, la presión del grupo y una costumbre que muchos sienten ya como un trámite

Familias y profesores coinciden en el cambio de mentalidad sobre si regalar o no en fin de curso .

Familias y profesores coinciden en el cambio de mentalidad sobre si regalar o no en fin de curso . / INAKI OSORIO

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Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

Cada final de curso se repite la escena. Un mensaje en el chat de padres, una propuesta lanzada con buena intención y, en cuestión de minutos, el debate de siempre: cuánto poner, qué comprar y si hace falta regalar algo al profesor. Lo que en principio parece un gesto de agradecimiento acaba convirtiéndose muchas veces en una costumbre automática, en una especie de trámite sentimental del mes de junio. Y ahí aparece esa pregunta incómoda sobre si seguir ante un detalle sincero o ante una obligación social que ya casi nadie disfruta del todo.

Un gesto pensado para agradecer… que a veces incomoda

Cada clase es un mundo, igual que lo son las familias y los docentes. Y, precisamente por eso, un gesto que en un primer momento nace para agradecer puede terminar convirtiéndose en algo incómodo. Entre las familias hay opiniones diversas. Alba, madre de una alumna de sexto de Primaria, cree que se ha convertido en «todo un compromiso». Recuerda que, al principio, «eran regalos para profesores que se jubilaban o que llevaban toda la vida dando clase», pero considera que ahora se ha transformado en algo «casi obligatorio».

En esa misma línea se sitúa Almudena, aunque matiza que en su entorno «no es un gran regalo». Lo habitual, explica, son pequeños detalles como «tazas con fotos de los alumnos o libros». Además, señala que estos obsequios «suelen coincidir» con los cambios de ciclo y «no siempre que acaba el curso».

A esa incomodidad se suma otro ingrediente igual de importante como la presión del grupo. Ambas madres coinciden en que, muchas veces, «si no quieres formar parte del regalo, el resto de padres te miran mal». Así, el miedo a quedar mal, la inercia del chat o la escalada de detalles convierten lo que debería ser un gesto libre en algo cada vez más vacío de sentido.

Un profesor acompaña a un grupo de alumnos a la entrada del centro escolar.

Un profesor acompaña a un grupo de alumnos a la entrada del centro escolar. / Marta Fernández Jara | Europa Press

La percepción también cambia cuando se escucha a quienes reciben esos regalos. Juan Carlos Soler, profesor de ESO y Bachillerato en el Colegio Juan de Lanuza, considera que se trata de una costumbre «que se pierde conforme los alumnos van creciendo». Por eso, cuando recibe algún detalle, entiende que «es de corazón» y no por compromiso. Personalmente, admite que le hace ilusión, «porque a todos nos gusta que se reconozca nuestro trabajo», aunque añade que «si no llega, tampoco pasa nada».

Una opinión similar comparte Héctor Ariño, que también interpreta estos regalos como «un gesto sincero de agradecimiento». En su caso, además, subraya que no es «algo habitual entre los alumnos de la ESO» y que, cuando ha recibido alguno, casi siempre ha estado relacionado con su faceta de tutor, «más que con la de profesor», normalmente por una cercanía especial o por haber acompañado al alumnado en momentos complicados a lo largo del curso.

En Secundaria, de hecho, este tipo de regalos no suele ser tan frecuente como en Infantil o Primaria. Aun así, a veces aparecen, sobre todo cuando el alumnado termina etapas como la ESO o Bachillerato y quiere despedirse de sus tutores con algún detalle.

Héctor Esteban Pina, profesor de la ESO en el IES La Azucarera, considera que el agradecimiento a la labor docente «siempre es bonito», especialmente en una profesión que muchas veces no está reconocida como debería. Cree que, en Infantil y Primaria, el regalo puede ser una forma que tienen las familias de expresar algo que los más pequeños todavía no saben verbalizar del todo. En cambio, en la adolescencia, apunta que quizá «unas palabras de agradecimiento sincero y que recuerden esta etapa con cariño» sean el mejor regalo.

Los docentes coinciden en que conforme los alumnos crecen piensan menos en los regalos a los docentes.

Los docentes coinciden en que conforme los alumnos crecen, piensan menos en los regalos a los docentes. / Servicio especial

Hablamos también con una profesora de Infantil, quien reconoce que el tema «siempre genera controversia» y defiende que, si se hace, debe ser de manera totalmente voluntaria. Aun así, entiende que para muchas familias es una forma de reconocer que el docente ha sido importante para sus hijos. Y recuerda que no tiene por qué tratarse de algo material porque «muchas veces una carta, un dibujo o una nota hace más ilusión que muchas otras cosas».

En esa misma idea insiste Raquel, profesora de Inglés en el IES La Azucarera, para quien «lo más importante del regalo hacia un profesor no es el regalo en sí, sino el mensaje que lleva detrás». En su opinión, en Infantil y Primaria es más común que el detalle se organice de forma grupal, lo que a veces genera «un compromiso social innecesario» para familias que no comparten esa idea o no pueden permitírselo. En Secundaria, en cambio, los regalos pierden peso material y ganan valor simbólico. De hecho, cuenta que su mejor regalo este año fue una frase que una alumna le dijo el día de su graduación: «Muchas gracias por haberme animado tanto este curso». Son ese tipo de gestos, concluye, los que hacen que «la llama de la vocación docente no se apague».

Alumnos acceden al patio de un centro escolar.

Alumnos acceden al patio de un centro escolar. / Marta Fernández Jara | Europa Press

Qué dice este fenómeno sobre nosotros

Más allá del regalo en sí, este fenómeno habla también de cómo entendemos hoy el agradecimiento. La necesidad de ritualizarlo, la presión social dentro de los grupos de familias y la dificultad para sostener gestos sencillos sin convertirlos en obligación forman parte de un mismo paisaje.

Los profesionales recuerdan que regalar a un maestro es una tradición que viene de lejos. La figura del docente, explican, merece un reconocimiento especial por su papel de escucha, apoyo y acompañamiento en la vida de niños y adolescentes. Es lógico que muchas familias quieran agradecerlo, porque agradecer forma parte de lo humano. Sin embargo, advierten de que en demasiadas ocasiones ese impulso acaba desplazándose hacia el materialismo y el consumismo, con compras rápidas y poco pensadas en plataformas online.

Además, este tipo de regalos puede generar un compromiso incómodo para familias que no quieren —o no pueden— aportar ni cinco ni diez euros. Frente a eso, muchos profesionales reivindican otros gestos mucho más sencillos y, a menudo, más ilusionantes como una flor, una carta personal, un dibujo o incluso unas galletas caseras para compartir en clase.

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