Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

'La rareza de ser diferente': la reflexión de una alumna del IES Miguel Catalán de Zaragoza sobre las contradicciones de la sociedad

La sociedad actual sigue clasificando lo 'normal' y lo 'raro', a pesar de la evolución y el discurso sobre la libertad

Concepto de inclusión de personajes de madera diversos de alta vista

Concepto de inclusión de personajes de madera diversos de alta vista / Freepik

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Irati Garulo Garde

IES Miguel Catalán

Durante décadas, se ha discriminado a parte de la sociedad o por ser diferente, o por pensar diferente. Y aunque haya pasado tanto tiempo y hayamos evolucionado como sociedad, hay gente que se ha quedado en el pasado, en contra de la “rareza”.

Este término es muy abstracto, ¿quién dijo lo que era raro y lo que no? ¿Quién fue el que puso los límites de la extravagancia? ¿A quién se le ocurrieron tantos tipos de “rareza”? Rareza por ser negro, rareza por ser pobre, rareza por gustarme algo que al resto no, rareza por vestir de una manera, rareza por tus enfermedades… Solo faltaba que alguien considerara raro a alguien por su grupo sanguíneo. ¿Y por qué nadie ha pensado que igual el raro era el creador de las rarezas?

Y aun así, seguimos señalando con el dedo todo aquello que se sale de lo “normal”. Parece que todo tiene que estar clasificado: lo normal y lo raro, lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo inaceptable.

Hace años era extraño que una mujer trabajara fuera de casa, raro que alguien defendiera ciertos valores, raro incluso escuchar música que hoy llena estadios. Lo que ayer parecía inaceptable, hoy se considera cotidiano. Entonces, ¿por qué seguimos actuando como si nuestras opiniones fueran leyes universales?

La discriminación nace muchas veces de la ignorancia. Hay personas que critican sin conocer, que juzgan sin entender y que rechazan simplemente porque algo es diferente a lo que están acostumbrados a ver. Pero ser diferente nunca debería convertirse en motivo de rechazo. Nadie elige como nace, dónde crece o qué situaciones le toca vivir. Y aun así, siempre parece que existe alguien dispuesto a señalar los defectos ajenos para esconder los propios.

Lo más contradictorio es que vivimos en un mundo que habla constantemente de libertad, pero que al mismo tiempo impone reglas invisibles sobre cómo debemos actuar, vestir, pensar o incluso sentir. Si alguien rompe las normas, enseguida aparecen las críticas y los prejuicios, los cuales pueden acabar haciendo mucho daño.

Tracking Pixel Contents