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ELECCIONES GENERALES 23-J

Alea iacta est: la campaña electoral pasó de largo por Aragón

Solo el trasvase del Ebro y los acuerdos entre PP y Vox antes de las elecciones del domingo marcan una pendulante previa electoral, con las peticiones de voto útil de fondo y visitas de Feijóo, Yolanda Díaz y Abascal a Zaragoza y de Pedro Sánchez a Huesca

Los candidatos del PP, junto a Jorge Azcón, en la plaza de Los Sitios.

Los candidatos del PP, junto a Jorge Azcón, en la plaza de Los Sitios. / ANDREEA VORNICU

Zaragoza

Permítase un secreto a voces de esta campaña: no hay friki de la política que tuviera ganas de más elecciones, más si cabe después de unas elecciones autonómicas con la precampaña más larga que se recuerda. Pedro Sánchez salió al contragolpe tras la debacle del 28 de mayo y pilló a todos con el pie cambiado, por lo que en el PP tiraron por la línea de en medio: derogar el sanchismo. Las izquierdas convergieron a contrarreloj en Sumar mientras los populares jugaban a un ni contigo ni sin ti con Vox para que estos brindaran su abstención en los gobiernos autonómicos.

En campaña se dibujaron gobiernos a la balear (sin Vox), a la valenciana (con Vox y encantados) o a la extremeña (con Vox y la nariz tapada), pero no a la aragonesa. Jorge Azcón se ha mantenido impertérrito a las presiones que llegaban desde todos los puntos de España y decidirá si gobierna con la ultraderecha, cuyo apoyo necesita en forma de sí o abstención, después de las elecciones. No parecía mala estrategia mientras el PP parecía comerse las encuestas a costa de la ultraderecha, que iba reduciendo su relevancia parlamentaria.

Por ahí se empezaron a entonar todos, conforme los primeros espadas iban llegando a tierras aragonesas –incluido el vuelo directo Bruselas-Huesca de Sánchez– y la campaña se iba olvidando, precisamente, de los problemas de Aragón. Aparte de algunos brochazos sobre infraestructuras, trenes, impuestos o la amenaza del retroceso de los derechos sociales, de eso ha ido la campaña: de una pelea a machetazos en clave nacional entre socialistas y populares que se reeditaba con los cabezas de cartel en_Aragón. Si la ministra Pilar Alegría atizaba a Feijóo por cuestionar la efectividad de los servicios de Correos, Pedro Navarro salía en tromba a por el «mentiroso» Sánchez. De fondo, Sumar se posicionaba como socio preferente de Sánchez para bloquear a Vox y recuperar «la voz del aragonesismo en Madrid», mientras Teruel Existe aspira a salvar el diputado hablando, estos sí, única y exclusivamente de los problemas de Teruel: carreteras, trenes y conexiones.

Empezó la campaña en la noche del 6 al 7 de julio con Zaragoza mirando a otra cosa. A una tormenta histórica, en concreto, cuya estimación de daños se eleva ya por encima de los 100 millones de euros. Y en eso llegó Yolanda, la primera de los primeros espadas en visitar Aragón para abrir el apetito de la izquierda. En el Auditorio se dio un baño de masas y auguró la remontada del bloque progresista, el de Sumar y el PSOE, toda una declaración de intenciones del pacto de no agresión que parecen haber firmado de cara a las elecciones de mañana. Allí defendieron «el país de países que es España» y la lucha por el aragonés y contra Canal Roya.

Santiago Abascal fue el siguiente, en una plaza del Justicia a reventar donde exigió entrar al Gobierno de Aragón –todavía sin decidir– y resucitó por su propia boca el trasvase del Ebro, que regresaba al tablero de juego. Serán las urnas las que dicten sentencia, pero no hay duda de que Abascal marcó el paso: de nada más se ha hablado en clave aragonesa más allá de los pactos poselectorales y su influjo en el futuro Gobierno de Aragón y la interconexión de las cuencas, de las que Azcón se desmarca con rotundidad y Feijóo asegura que no está en su borrador del plan hidrológico nacional, pese a que advierte que aún no lo tiene cerrado.

Lo que sucedió después del cara a cara

Lo que no puede negarse es que hubo un antes y un después del cara a cara entre Feijóo y Sánchez. Los tambores de remontada socialista enmudecieron durante unos días mientras en el PP llamaban a no confiarse y pedían hacer uso del voto útil para superar los 160 escaños y tener casi al alcance de su mano el gobierno en solitario. Coincidió con la visita de Feijóo a Zaragoza, feudo preferente para el gallego, donde llegaron a decir que votar a Vox y al PAR en Aragón era desperdiciar la papeleta. Fue después cuando el candidato popular puso la sombra de la duda sobre la eficiencia del voto por correo, se encenegó con una periodista de RTVE por la revalorización de las pensiones conforme al IPC y reapareció la foto con el narcotraficante Marcial Dorado.

Por ahí volvieron a la partida los socialistas, que cambiaron la estrategia electoral. Sánchez cogió un vuelo directo desde Bruselas para asistir a un acto de partido en Huesca el pasado lunes, dejando de lado una cena de gala en la cumbre entre la Unión Europea y los dirigentes latinoamericanos. Allí sacó a relucir el modo mitinero el presidente del Gobierno, que también invocó al voto útil para revertir la mala tendencia que llegaba desde el cara a cara contra Núñez Feijóo tras el que los socialistas quedaron groguis. Fue momentáneo, porque en la segunda semana de campaña sacaron los socialistas la artillería pesada. Visitaron Zaragoza el ministro de Cultura Miquel Iceta y el exministro de Sanidad Salvador Illa, además de la aparición estelar de la vicepresidenta Nadia Calviño, que desembarcó en el Pabellón Puente a siete días de las elecciones y resucitó la gigafactoría de baterías de Tata Motors que Aragón ansiaba. Dos días después, el grupo indio confirmó que se instalarán en el Reino Unido.

Alejados del ruido se han movido en Teruel, donde solo se reparten tres escaños y la tierra en la que el joven economista Diego Loras está llamado a recoger el testigo de Tomás Guitarte, el primer diputado que tuvo la plataforma de la España Vaciada. Necesitan aglutinar al menos la mitad de votos de los que consiga el PP, que previsiblemente quedará primero en los comicios de mañana, para no quedar fuera del Congreso. Será al destaparse las urnas cuando se conocerá cómo les afecta el pacto que han alcanzado con el PP para gobernar la Diputación de Teruel y la negociación abierta con Azcón para cederle su abstención.

En un registro parecido, aunque mucho más vehemente contra el PP y Vox, se ha movido el cabeza de cartel de Sumar Aragón, Jorge Pueyo, que dio el salto de la mano de Chunta para «volver a poner una voz aragonesista en Madrid». No es ningún secreto que Sumar se ha conformado como partido político a marchas forzadas, por lo que las propuestas de calado en la versión aragonesa tampoco han brillado demasiado. Buscan en Sumar incluso sacar el tercer escaño por Huesca, lo que es prácticamente una quimera y que solo consiguió Podemos-En Común Alto Aragón en 2015.

Y así se llega a la gran cita electoral, la más tórrida que se recuerda, con la incertidumbre las mayorías por desvelar. Solo las urnas dictarán sentencia con una incógnita que sobrevuela desde hace días el panorama político. Algunos otean una repetición electoral de las generales si el PP renunciase a un pacto con la ultraderecha que implicara introducirlos en el Gobierno y las izquierdas no recabaran los apoyos suficientes para investir presidente a Sánchez. Pero primero, a votar. Alea iacta est. 

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