El no cumplir los compromisos asumidos en las asambleas de la ONU es una de las mayores faltas de responsabilidad de los gobiernos de los países ricos. Un caso especialmente alarmante es el compromiso de destinar el 0,7% del Producto Nacional Bruto para la Ayuda Oficial al Desarrollo. La Asamblea General de la ONU se pronunció sobre ello hace 35 años y se ha ratificado en La Cumbre de Río en el 92, en Monterrey diez años más tarde y pocos meses después en Johannesburgo (Sudáfrica).

A día de hoy, solo se destina poco más de un 0,25% de los ingresos nacionales de los países donantes, y sólo cinco países (Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega y Suecia) alcanzan o superan esta cifra en la actualidad. Por ejemplo, Estados Unidos y Japón, que son los países con más PNB, han destinado los últimos años alrededor de 0,15% el primero y 0,20% el segundo.

España, en el 2003, destinó el 0,23%. Para el año 2006 el compromiso es de 0,35% y de 0,50% para el 2008. Un efecto a destacar es la descentralización de la ayuda en las comunidades autónomas que ha supuesto un aumento de su aportación en los últimos años.

El exigir que se cumpla es fundamental porque, con matizaciones, la ayuda oficial al desarrollo desempeña un papel esencial para luchar contra las enfermedades, el analfabetismo y la falta de infraestructuras publicas, pero también como complemento de otras fuentes de financiación para el desarrollo, en particular en los países cuya capacidad para atraer inversiones directas privadas es mínima.

Las matizaciones son varias, una es que se prioricen las ayudas a "los países menos adelantados", principalmente de África Subsahariana. En 2003 solo se destinó a estos países el 12% de la ayuda. Las otras son desligar la ayuda de los créditos y de la expansión comercial.

Económicamente, está calculado que con un 0,7% del PNB de los países más ricos, si es bien invertido de forma global y con el pacto y el compromiso de los países pobres, puedan cubrirse las necesidades básicas de los países más pobres y facilitarles el acceso al primer peldaño de la escalera del desarrollo. De igual forma, en estos momentos, los países ricos podemos, tanto a nivel público como privado, tanto a nivel colectivo como individual, hacer esa contribución sin apenas esfuerzo. No solo podemos sino que deberíamos hacerlo. Y, además, con inmediatez. El tiempo son millones de vidas humanas.

Políticas Globales de Reducción de la Pobreza

Los países pobres tienen también necesidades cruciales que no se resuelven sólo con ayudas e inversiones. Hay asuntos que deben abordarse a escala mundial, como la crisis de la deuda, la política comercial global, la ciencia aplicada al desarrollo o la gestión medioambiental.

El tema de la deuda ya no se debería haber generado. Pero, una vez generado, ya debería haberse resuelto hace años porque es impagable y porque es inmoral. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los pagos del servicio de la deuda superaron el gasto anual en salud y educación en nueve países, y también se sobrepasó el gasto en salud en 29 más, incluidos 23 del África Subsahariana, la región más castigada del planeta.

Otro dato contundente es que en el año 2003, los países del Sur transfirieron al Norte más de 370.000 millones de dólares en concepto del pago de la deuda, cifra que supone más de cinco veces aquello que los países del Norte les prestaron en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo.

Los países ricos deberían tomar de manera inmediata la medida de condonar la deuda y convertirla en desarrollo, junto con el propósito de no generar más deuda en el futuro, al desligarla de las ayudas y las exportaciones comerciales a esos países.

Una vez cubiertas las necesidades básicas, el crecimiento económico sostenible exige que los países pobres incrementen sus exportaciones a los países ricos y que, con ello, consigan a su vez divisas para importar bienes de equipo. Para esto, es necesario favorecer el acceso de los países pobres al mercado eliminando los aranceles a la exportación a la vez que los subsidios a las producciones agrícolas del Norte.