Es probable que los países en desarrollo queden estancados en la pobreza a menos que puedan hacer lo mismo que los países desarrollados para lograr el crecimiento sostenible: incorporar la ciencia, la tecnología y la innovación en sus estrategias económicas.

La solución reside en centrar la atención en un mayor uso de la ciencia y las nuevas tecnologías en los países en desarrollo --acelerando el desarrollo y la utilización de medicamentos, productos electrónicos y técnicas agrícolas mejorados-- como forma de reducir la pobreza y el sufrimiento humanos.

También es probable que la comunidad científica internacional ignore a los pobres, por eso es de vital importancia detectar las necesidades prioritarias de investigación científica en relación con los pobres, y después movilizar la ayuda necesaria de los donantes para fomentar la investigación y desarrollo.

El Proyecto del Milenio de Naciones Unidas recomienda una ayuda global de los donantes de aproximadamente 7.000 millones de dólares anuales para abordar las necesidades de I+D prioritarias en sanidad, agricultura, energía, clima, agua y conservación de la biodiversidad en los países más pobres. Una de las metas del objetivo 8 es "En colaboración con el sector privado, velar por que se aprovechen los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular los de las tecnologías de la información y de las comunicaciones".

La revolución de la información está todavía en ciernes en el mundo en desarrollo. Un ejemplo de todo esto es la idea fantástica de Muhammad Yunus, premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998 y premio Nobel de la Paz de este año, de crear una enorme empresa de móviles en Bangladesh y que, a su vez, ha generado un nuevo fenómeno "las señoras del móvil en los pueblos".

Esta empresa, GrameenPhone, ha establecido una red de concesión de micropréstamos que permite que las mujeres pobres compren teléfonos móviles y vendan servicios telefónicos en sus comunidades. La iniciativa ha contribuido a crear 100.000 nuevos puestos de trabajo, ha aumentado los ingresos de estas microempresarias y ha proporcionado acceso telefónico a 60 millones de personas de las zonas rurales. Según Yunus (el banquero de los pobres) para acabar con la pobreza debemos darles las mismas oportunidades que hemos tenido nosotros.