La prostitución es un fenómeno generalizado que se percibe como algo naturalizado y comprendido, incluso como necesario, desde el conjunto social. De este modo, es un problema aceptado y en el que España se encuentra a la cabeza de Europa, ocupando el tercer puesto a nivel mundial. Pero también es una cuestión de género, ya que la casi totalidad de los demandantes de sexo comercial son hombres, y la inmensa mayoría de las personas en prostitución, mujeres. En este sentido, la prostitución es una realidad en donde se manifiesta una ideología contraria a los principios de igualdad entre mujeres y hombres, y que institucionaliza una de las formas más crueles de violencia contra las mujeres.

En una sociedad donde el compromiso con el valor de la igualdad, unido a la nueva libertad sexual que ya han disfrutado varias generaciones, harían de esperar que la prostitución acabara convirtiéndose en un fenómeno residual y marginal, esta sin embargo ha acabado adquiriendo una importante relevancia social.

Así, el consumo de servicios de prostitución puede pervivir, tanto bajo el modelo tradicional de masculinidad, como junto al de identidades masculinas emergentes, que perpetúan la lógica de las desigualdades estructurales de género, pero que se presentan bajo una nueva forma de entender la sexualidad, más desinhibida y regida por la idea de oferta comercial de sexo, con la pornografía como márquetin de la prostitución.

Son variados los estudios y debates en torno a este fenómeno en nuestro país, pero al igual que ocurre en el caso de la violencia de género, suelen centrar sus análisis o campañas en las mujeres prostituidas o en las que son agredidas/asesinadas. Sin embargo, los principales responsables, el victimario en el caso de la violencia de género, o el consumidor/cliente en el de la prostitución (en definitiva, el prostituidor), se diluyen en la niebla.

En el debate en torno al fenómeno de la prostitución en nuestro país, creemos que hay un aspecto de esta realidad que no ha sido suficientemente tratado: el prostituidor, protagonista principal de esta historia, que resulta ser el más invisibilizado de la misma, siendo, aun cuando su participación parezca secundaria, responsable directo de la explotación de mujeres, niñas y niños.

Por ello, uno de nuestros objetivos desde Hombres por la igualdad en Aragón es analizar la figura del prostituidor y las consecuencias que tiene su papel dentro de la prostitución, tanto a nivel personal como social. No podemos obviar que la trata existe porque existe la prostitución, y esta, porque existe la demanda.

Otro de los fines que persigue nuestra asociación es abrir una reflexión sobre la función que podemos jugar los hombres en el ámbito de la prevención empática, a través del papel de la educación y la participación ciudadana en el cambio social. Dicho de otra manera: debemos repensar las relaciones de género y el papel central que desempeña la sexualidad masculina, como parte de esa relación comercial y de poder.