Historias de ida y vuelta
El Hermanamiento León (Nicaragua) – Zaragoza acerca al alumnado aragonés al hecho migratorio y a la educación para la paz mediante un proyecto basado en la correspondencia de dos amigas ficticias, cuyas cartas están basadas en experiencias reales

El taller de escritura con niños zaragozanos de origen nicaragüense que dio origen a las cartas ficticias de Teresa y Melody / Servicio Especial
«Hola Melody», escribe Teresa. «Hemos llegado, casi no tengo sueño. No he llorado. Mi abuela sí ha llorado. Le he preguntado por qué lloraba y, primero, me ha dicho que por todo; y luego, me ha dicho que por nada». Y continúa su carta: «Hemos venido a Zaragoza. En la carretera casi no hay árboles y los carros van a mucha velocidad».
«Hola Teresa», responde Melody. «¡Vieras qué contenta me puse cuando me llegó tu mail!». Y añade: «No me hago a la idea de que no estás. En la mañana, para ir a la escuela, sigo dando la vuelta para pasar por tu casa y, hasta que estoy casi en la puerta, me acuerdo de que te has ido».
Teresa es una niña nicaragüense que acaba de migrar a Zaragoza, dejando a sus padres en León. Allá permanece Melody, su mejor amiga. Aunque se han visto forzadas a separarse y, ahora, media entre ellas un océano de distancia, el correo electrónico las ayuda a mantenerse conectadas.
Ambas niñas son las protagonistas de Escríbeme. Historias de ida y vuelta, un proyecto educativo que está ejecutando el Hermanamiento León (Nicaragua) – Zaragoza en colegios aragoneses. Aunque, en realidad, «Melody y Teresa son personajes inventados», aclara Carlos Grassa, escritor y uno de los artífices de esta iniciativa. «Pero, como anotan en algunas películas, Escríbeme está basado en hechos reales, y no solo en hechos, en ideas, pensamientos, sentimientos, sensaciones…».
«Todo nace una mañana de febrero, en las oficinas del Hermanamiento en Zaragoza», recuerda Lola Pérez Córdoba, coordinadora de proyectos de educación para el desarrollo y la ciudadanía global en esta oenegé. «Allí convocamos a nueve niñas y niños nicaragüenses para realizar un taller de escritura. Fue un encuentro muy emotivo en el cual salieron sentimientos, sueños, nostalgias, deseos... Con todo ese material nace este proyecto, una herramienta de educación para la paz y sobre interculturalidad y migraciones», agrega.
Es decir, las cartas de Melody y Teresa están basadas en los escritos de esos nueve menores nicaragüenses que ahora viven en Zaragoza. Grassa les ha dado forma, junto a Ana Yael, como ilustradora, y la propia Lola Pérez, como acompañante de todos los actores a lo largo de todo el camino.
Julieta Khül, terapeuta y migrante, también ha aportado su propio punto de vista. «Me he basado en mi propia historia y en la de mis hijas, mi sobrina y otros niños y niñas que también he podido acompañar de alguna manera en todo este tiempo», continúa. «Conectar desde el corazón con todo eso nos permitió a Carlos y a mí hacer realmente una comunicación entre Melody y Teresa totalmente auténtica y fluida».
«Esta iniciativa nace desde la necesidad que vemos en el Hermanamiento de que las niñas y los niños se pongan en la piel del compañero o compañera que está viviendo un proceso migratorio», indica Pérez Córdoba. «Además, acerca el hecho de la migración como algo natural y, sobre todo, como un derecho».
En cada aula participante, se narra la historia de las dos amigas que mantienen su amistad a pesar de la distancia. En torno a este relato se plantean cuestiones para la reflexión y se trabaja un glosario de términos nicaragüenses. En una segunda sesión, se genera un diálogo sobre aquellos aspectos de la historia con los que más haya conectado el alumnado, dando paso a preguntas abiertas, que llevan a debatir sobre temáticas que van desde el hecho migratorio o el desarraigo a la adolescencia, la amistad o la fragilidad humana, pasando por el acoso escolar, el extractivismo en América latina o el Estado del bienestar.
«En las sesiones se crea un ambiente de cercanía y confianza en el que nuestras facilitadoras se sienten en un espacio de seguridad para contar parte de sus experiencias como mujeres migrantes», señala Pérez Córdoba. Se llaman Yodaly Beteta, Mayren Tijerinoque y Marcela Saavedra y, «al ser nicaragüenses, pueden hablar del proceso migratorio desde su propia vivencia y experiencia».
«Es muy emocionante ver cómo el alumnado es capaz de sumergirse en la actividad. Los resultados están siendo muy sentidos. Estamos siendo conscientes de la falta de prejuicios que tienen estas niñas y niños y la gran capacidad de cuidado. Se interesan mucho por el bienestar de la otra persona y estamos reconociendo una gran capacidad de empatía, cosa que, en las adultas y adultos, cuesta encontrar en muchas ocasiones», concluye.
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