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El futuro es de las mujeres

Una delegación de la oenegé aragonesa Kumara Infancia del Mundo ha viajado a India para comprobar cómo marchan los proyectos que ya tiene en marcha y detectar las necesidades de la población para planear nuevas iniciativas de cooperación.

Una delegación de Kumara viajó a India y se reunió con las jóvenes dálits becadas por la oenegé para estudiar en la universidad.

Una delegación de Kumara viajó a India y se reunió con las jóvenes dálits becadas por la oenegé para estudiar en la universidad. / SERVICIO ESPECIAL

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Aunque la finalidad principal de la visita era, en palabras de su vicepresidenta, Montserrat Sanz, «conocer de primera mano las necesidades de la población, en una zona con una situación muy complicada –el empobrecido estado indio de Andhra Pradesh-, porque no es lo mismo que te lo cuenten a que lo vivas». Y han detectado numerosas carencias, en base a las cuales ya preparan «la propuesta de proyectos para 2026».

Especialmente dura es la vida para la población dálit en la zona Kurnool, «sobre todo para las niñas y las mujeres». Son «los miembros más pobres y discriminados de la sociedad india», indica Inés Polo, secretaria de la oenegé aragonesa. «Los denominados ‘sin casta’ están en la parte inferior de la pirámide del sistema de castas».

La primera parada fue en Nandigama, donde la delegación de Kumara se reunió con las chicas que reciben ayudas económicas para cursar estudios universitarios. La oenegé tiene un programa de becas para que jóvenes dálits puedan llegar a la universidad.

«Nos reunimos con las chicas becadas que estudian para ser enfermeras, doctoras, juezas, maestras o ingenieras informáticas. Están aprovechando la oportunidad que sus padres no les podían ofrecer», afirma Sanz. Estas ayudas les permiten formarse para acceder a trabajos mejor remunerados y conseguir una independencia económica. «Además, retrasan la edad del matrimonio, lo que les permite disfrutar de su juventud», apostilla la vicepresidenta de Kumara.

La visita recaló a continuación en la escuela primaria St. Charly, donde estudian más de 300 niños y niñas dálits de entre cuatro y once años. Allí pudieron comprobar que ya está a pleno rendimiento la sala polivalente construida con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza.

Hasta el curso pasado, el alumnado comía en el patio, «pero no es un lugar adecuado, ya que hace muchísimo calor y no tienen una sombra en la que cobijarse. Y, en los meses de lluvias, el espacio, que es de tierra, se inunda», señala Polo. Ahora comen en la nueva sala, que también se utiliza para realizar actividades extracurriculares, reuniones de padres y eventos culturales, o como sala de juegos.

El viaje continuó hasta llegar al internado de St. Aloysius, que acoge a 50 chicos, y en el que Kumara va a construir una sala multiusos financiada por la Diputación de Zaragoza. «Estuvimos con el responsable del centro, revisando todos los elementos del proyecto, así como algunas medidas formativas que se han incluido relativas a la igualdad de género y la protección del medio ambiente», explica la secretaria de la oenegé.

«Nos sorprendió la educación en igualdad, cosa que hasta hace muy poco era impensable en esta zona. Enseñan a los chicos a hacer las tareas domésticas y les explican que cuando sean adultos también tendrán que hacerse responsables de ellas», apunta Montserrat Sanz.

En esta misma área, la delegación aprovechó para comprobar cómo marchan los trabajos de perforación de unos los pozos, que se complementarán con purificadoras para tratar el agua de boca de todo un pueblo. Y pudieron conocer el nuevo centro escolar St. John en Uppaladadiya, que acoge a alumnado de las diez aldeas de la zona. «Se ha puesto en marcha recientemente y requiere de un autobús escolar», comenta Inés Polo.

«Es una zona muy seca y árida. Muchos padres tienen que marcharse unos meses al año para ganarse la vida y dejan a sus hijos durante ese tiempo en internados que tienen grandes deficiencias», explica Montserrat. Así que la ruta prosiguió por otros centros de formación para chicas y colegios «para ver qué necesitan».

Centros como la escuela residencial St. John en Anantapur, gratuita para los niños y niñas dálits. Polo pudo comprobar que «hacen falta nuevos aseos, pozos, literas y camas para los dormitorios de la residencia y mejoras en la infraestructura eléctrica».

«En estas zonas tan alejadas pudimos reunirnos con grupos de mujeres», cuenta la vicepresidenta de Kumara, «que realizan talleres de costura y confeccionan ropa para la familia y el vecindario. Y tuvimos la oportunidad de compartir nuestro último día con grupos de mujeres emprendedoras que irradiaban alegría y esperanza».

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