90 años de primeras veces
Roberto Suárez
La historia de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) es la historia de muchas primeras veces que, con el paso del tiempo, se han convertido en derechos consolidados. Desde su creación, en 1936, nuestra entidad ha trabajado para que las personas sordas podamos ejercer una ciudadanía plena.
En un contexto en el que el acceso a la educación, al empleo o a la información no estaba garantizado, el movimiento asociativo de personas sordas supo organizarse, alzar la voz y abrir caminos donde no los había. Esa unión fue, y sigue siendo, nuestra mayor fortaleza.
Hubo una primera vez, en la que miles de personas sordas ocuparon el espacio público para reivindicar igualdad. Y es que, en 1985, la primera manifestación estatal supuso un punto de inflexión para dejar de ser consideradas meras receptoras de asistencia y convertirnos en protagonistas de nuestras vidas.
A partir de ahí, las primeras veces se sucedieron. La aprobación de la Ley 27/2007 supuso el reconocimiento legal de las lenguas de signos españolas, un logro largamente reivindicado por la CNSE. Años después, su desarrollo reglamentario permitió avanzar en garantías reales y sentó las bases para que el uso de nuestra lengua dejara de ser una concesión y pasara a entenderse como un derecho.
A este avance se sumaron otros hitos clave, como la declaración del Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas, que contribuye a reforzar su presencia en la vida pública, o el R.D. 155/2024, que reconoce las expresiones vinculadas a la cultura sorda como patrimonio cultural inmaterial, visibilizando una realidad histórica, lingüística y social que forma parte del acervo colectivo.
Este impulso histórico se tradujo también en servicios pioneros capaces de transformar vidas. Entre otros, una red estatal de enseñanza de las lenguas de signos con formación de calidad impartida por personas sordas nativas; una plataforma de videointerpretación que permite comunicarse sin barreras; espacios específicos para mujeres sordas víctimas de violencia machista; o programas de acompañamiento para que las personas mayores sordas puedan envejecer con autonomía.
Nada de esto ha sido casual. Cada avance ha sido fruto del trabajo colectivo, del diálogo con las instituciones y de una reivindicación constante para situar la igualdad de oportunidades en el centro de las políticas públicas. Porque un país accesible no se imagina: se construye.
Pero celebrar este aniversario también implica asumir responsabilidades. Aún persisten barreras en ámbitos clave. La accesibilidad sigue marcando, en demasiadas ocasiones, la diferencia entre tener derechos o poder ejercerlos. Por eso, estos 90 años no son un punto de llegada, sino un impulso para seguir avanzando.
La CNSE afronta este aniversario con orgullo por el camino recorrido y con la determinación de seguir abriendo nuevas primeras veces. Porque, cuando las personas sordas podemos decidir, participar y liderar nuestro propio futuro, toda la sociedad avanza.
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