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Elena Belenguer, responsable de comunicación de la Coordinadora Valenciana de ONGD: "Si no explicamos las causas, las crisis parecen desgracias inevitables"

Paula Berenguer

Paula Berenguer / SERVICIO ESPECIAL

¿Qué ha tratado de transmitir a las oenegés y periodistas aragoneses?

Mi principal mensaje ha sido que, en un contexto global de incertidumbre, polarización y conflictos, es más necesario que nunca comunicar desde la convicción de que, con ello, podemos transformar la realidad. En las II Jornadas Comunicando por un Mundo Mejor hemos trabajado para construir una estrategia conjunta para la Red Aragonesa de Comunicación para la Transformación Social para el periodo 2026-2027, reconociendo las cosas que han funcionado y las que no desde su puesta en marcha, en 2022, para definir un propósito claro que aporte valor real y consolide una alianza sostenible entre periodistas y oenegés de Aragón.

¿Cómo es el discurso dominante de medios y oenegés sobre cooperación y derechos humanos?

El estudio Más allá de la noticia, que hemos desarrollado en la Coordinadora Valenciana de ONGD, confirma que predomina un enfoque mayoritariamente caritativo y asistencialista. Tanto en los medios, como en las propias oenegés y administraciones, prevalece una visión desarrollista centrada en los logros económicos (dinero donado, ejecución de presupuestos), más que en las causas estructurales de la pobreza y las desigualdades. El diagnóstico revela una visión etnocéntrica que observa la realidad desde nuestros intereses, con una marcada ausencia de fuentes y protagonistas de los países donde se actúa. Se habla mucho de resultados y poco de qué cambios reales se están dando.

¿Cuáles son las consecuencias de este enfoque?

La perpetuación de estereotipos dañinos, como el paternalismo -la figura del salvador blanco-, y la dicotomía entre un «nosotros» activo y un «ellos» pasivo. Al simplificar realidades complejas y centrarnos en el héroe voluntario, fomentamos un discurso único que despoja de voz a las comunidades y cae en la estigmatización o la deshumanización. El resultado es que, si no explicamos las causas, las crisis parecen desgracias inevitables, impidiendo que la ciudadanía comprenda las raíces de los problemas y se sienta llamada a actuar.

¿Qué se entiende por comunicación transformadora?

Es un proceso político y ético, y una forma de comunicar que va más allá de informar, ya que genera conciencia crítica, promueve los derechos humanos y la justicia global y contribuye a cambiar la sociedad. Pone el foco en las causas profundas de las desigualdades, cuestiona las narrativas dominantes y nos permite imaginar y construir un mundo más justo, igualitario, sostenible y en paz.

¿Cómo la ha incorporado su organización?

La comunicación transformadora guía nuestra labor en todas nuestras áreas de trabajo: incidencia política, comunicación, movilización social y promoción del comercio justo. Un pilar fundamental para su aplicación ha sido estrechar lazos con los medios de comunicación, entendiéndolos como aliados imprescindibles. Para ello, hemos impulsado formaciones en comunicación basada en derechos humanos, facilitamos coberturas periodísticas sobre el terreno y realizamos investigaciones sobre el tratamiento mediático de la cooperación internacional. Además, hemos puesto en marcha el programa Contrast, destinado a apoyar la realización de proyectos periodísticos sobre los grandes retos globales.

¿Con qué resultados?

Hemos afianzado las relaciones con el sector periodístico valenciano, creando espacios de reflexión conjunta sobre cómo contamos las cosas. El análisis de medios nos ha permitido hacer autocrítica y corregir el rumbo, reconociendo que, a veces, las oenegés fomentamos visiones asistencialistas, y aprendiendo a comunicar desde la transparencia y la empatía para generar confianza.

¿Qué importancia tienen las alianzas?

Son vitales porque la comunicación es, por definición, un hecho comunitario que sirve para conectar. Oenegés y periodistas compartimos un compromiso social y ético en la defensa de los derechos humanos, y enfrentamos retos comunes, como la precarización o una crisis de reputación. Trabajar juntos nos permite sumar fuerzas. Las oenegés aportamos fuentes expertas y contexto, y los periodistas, su capacidad profesional y de llegada a la opinión pública. Esta unión es clave para contrarrestar la desinformación y los discursos de odio.

¿Cómo se puede avanzar hacia la comunicación transformadora?

Lamentablemente, no hay recetas mágicas, pero sí claves éticas: poner en el centro los derechos humanos y la dignidad de las personas, evitar narrativas simplificadoras o paternalistas, contextualizar las desigualdades desde sus causas estructurales y construir relatos que generen empatía, corresponsabilidad y acción colectiva. A veces, en este contexto de prisas constantes, es necesario parar para pensar y cuidar nuestra comunicación, con el foco puesto en las consecuencias que puede tener sobre la vida de las personas.

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