Karen Urrutia Benavidez, miembro de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados de Zaragoza: "Otras mujeres han roto sus techos de cristal y los barremos nosotras"
Este lunes, como cada 30 de marzo, se ha celebrado el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar y la entidad zaragozana realizó una concentración reivindicativa

Karen Urrutia Benavidez, miembro de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados de Zaragoza: / JOSEMA MOLINA
¿Qué querían transmitir en la concentración por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar con su Pasarela a la precariedad?
Lo que hicimos fue retomar la Pasarela fashion de la precariedad, una iniciativa de las compañeras de Territorio Doméstico de Madrid, uno de los colectivos de trabajadoras del hogar y los cuidados de todo el país con los que trabajamos en red. Lo que pretendíamos era contar la realidad que vivimos las mujeres migrantes que trabajamos en este sector cuando llegamos a España.
¿Cuál es esa realidad?
Por ejemplo, está la modelo pulpo, que tiene que llegar a todo, y muchas veces se ve colapsada; o la modelo mil anuncios, que va pegando carteles para buscar trabajo, pero recibe llamadas de hombres ofreciendo favores sexuales; o la modelo atrapada porque, cuando migramos, estamos físicamente aquí, pero nuestra mente sigue en nuestros países, sosteniendo a nuestras familias.
¿Qué demandan?
El derecho a la conciliación, al descanso, a una vida propia, al respeto de nuestra dignidad y a vivir la vida con alegría.
¿Y qué denuncian?
Damos visibilidad a nuestra lucha para mostrar a la sociedad que somos parte de ella y sostenemos los cuidados, así como a la precariedad estructural que atraviesa nuestro sector. Y reivindicamos derechos laborales y sociales plenos, que continúan sin cumplirse. Denunciamos las condiciones de explotación, vulneración y violencias múltiples que enfrentamos.
¿Como cuáles?
A pesar de la ratificación por el Estado español del convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, y de avances como el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo, la igualdad efectiva de derechos respecto al resto de sectores laborales sigue sin garantizarse plenamente, especialmente si hablamos de las trabajadoras del hogar internas, sometidas en muchos casos a jornadas de disponibilidad permanente que vulneran derechos básicos.
Ejercen su profesión dentro de los hogares, sin testigos ni inspecciones de Trabajo. ¿Se sienten desprotegidas?
Uno de los avances que hemos conseguido, gracias a la lucha colectiva y al trabajo en red, es la Ley de Protección de Riesgos Laborales. Pero le falta precisamente eso, las inspecciones de Trabajo. Y, sin ellas, no hay manera de controlar los horarios ni los riesgos del puesto.
¿Esos riesgos les generan enfermedades profesionales?
Muchas compañeras tienen problemas en el túnel carpiano, dolores de espalda, una gran carga psicológica… Pero, cuando acudes a la consulta, no se te reconocen como enfermedades profesionales, y ahí sí que nos sentimos desprotegidas.
Según Oxfam Intermón, solo cuatro de cada diez trabajadoras del hogar reciben la indemnización por despido que les corresponde. ¿Por qué?
En Aragon, más de 9.000 trabajadoras están afiliadas al sistema especial de empleo de hogar, pero estas cifras no reflejan la realidad completa del sector. Esto suele pasar porque la ley de extranjería te obliga a estar dos años trabajando en la economía sumergida, y la mayoría estamos sin contrato. Y en eso se amparan los empleadores para ahorrarse la indemnización por despido.
¿Cómo les afecta a ustedes la debilidad del sistema de cuidados a la dependencia?
Cuando estamos indocumentadas, se negocia directamente con los empleadores que, a menudo, son pensionistas que cobran muy poco y te ofrecen lo que pueden, porque a la familia no le llega para más. Nuestra precariedad no es culpa suya, lo que pasa es que los cuidados están cargados sobre la espalda de las mujeres trabajadoras del hogar porque no existe un sistema de cuidados público que nos ampare a la familia y a nosotras.
¿Cree que su sector sería tan precario si no estuviera tan feminizado?
En España, siempre habían ejercido los trabajos del hogar las mujeres empobrecidas del campo, y ahora lo hacemos las migrantes, pero el machismo sigue siendo el mismo. Otras mujeres han roto sus techos de cristal y ahora somos nosotras las que barremos los cristales.
Por tanto, su lucha, además de feminista, ¿requiere también de una mirada antirracista y decolonial?
Sí, totalmente. Aunque somos conscientes de ello, muchas veces nos cuesta nombrar estas cosas. Por eso, en la asociación organizamos talleres, porque buscamos la igualdad de derechos entre todas las personas, independientemente de su origen.
Y, pese a todo, su trabajo es esencial.
Sí, así se reconoció durante la pandemia, porque nuestro trabajo pone la vida en el centro. Pero, seis años después, seguimos exigiendo que ese reconocimiento se traduzca en derechos efectivos. Hablamos de un modelo de sociedad más justo, digno y corresponsable en los cuidados. Creemos que es posible hacer unas políticas públicas que garanticen el derecho universal al cuidado en condiciones laborales dignas para quienes los ejercemos.
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