Rocío Simón: "En Líbano podríamos enfrentarnos a un nuevo Gaza"

Rocío ha sido una de las últimas trabajadoras humanitarias internacionales en permanecer en la Franja. / Servicio Especial
La prensa internacional no ha entrado en Gaza desde 2023. ¿Están jugando los trabajadores humanitarios el papel de testigos ante el mundo?
En parte, sí. Ante la imposibilidad de acceso de la prensa internacional y la aniquilación de los periodistas gazatís, al final, los únicos que quedamos para contar lo que está sucediendo somos los trabajadores de las oenegés internacionales, y así nos lo piden los compañeros palestinos cuando nos despedimos al salir de la Franja, que no paremos de hablar de ello.
¿Cuándo ha trabajado en la Franja durante este último conflicto?
Dos veces; la primera, en noviembre de 2024, fui para dos meses, igual que tenía previsto para la segunda, en noviembre de 2025. Pero, al final, prolongué mi estancia hasta febrero de este año, cuando tuvo que abandonar el territorio todo el personal internacional de las 37 oenegés internacionales cuyo registro canceló Israel, como Médicos Sin Fronteras (MSF), ya que nadie habría podido reemplazarme.
¿Qué había cambiado entre ambas estancias?
En mi segunda visita, me quedé sorprendida al descubrir que el nivel de destrucción era aún mayor, algo que en la primera me hubiera parecido imposible, cuando entras en un paisaje postapocalíptico, casi sin edificios en pie, en un mar de plástico de tiendas de campaña que la gente improvisa para tener refugio. Era más impactante, si cabe, ver que todavía quedaban menos edificios y menos personas, y que las que permanecían estaban aún más hacinadas en menos espacio.
¿A pesar del alto el fuego?
Desde el alto el fuego, entre comillas, de octubre del año pasado –mejor, llamémoslo acuerdo-, Israel no ha dejado de avanzar la línea amarilla, delimitando todavía más la zona en la que la población gazatí puede vivir. Todos los problemas de salud que vimos el año anterior, como infecciones o enfermedades respiratorias ligadas al invierno, no han hecho más que agravarse con el hacinamiento y las condiciones de vida infrahumanas.
¿No han cesado los combates?
Por eso digo acuerdo, porque alto el fuego me parece una forma muy ambiciosa de llamar a algo que no lo es. Es cierto que los ataques ya no tienen la misma magnitud ni intensidad, pero no hemos dejado de atender a víctimas civiles con heridas de metralla o más graves. Desde el acuerdo han sido asesinadas más de 670 personas.
¿Qué consecuencias está teniendo la prohibición de operar en Gaza a esas 37 oenegés?
El sistema de salud gazatí ya estaba debilitado antes de este conflicto. Pero, desde octubre de 2023, la destrucción de sus infraestructuras ha sido total, y 1.700 trabajadores sanitarios han sido asesinados. Ha quedado desmantelado, pero la población lo necesita para sobrevivir, al igual que la entrada de ayuda humanitaria con suministros y medicinas. Las consecuencias están siendo mortales.
¿Sigue trabajando MSF en la Franja sin personal internacional?
Claro, seguimos trabajando para mantener los servicios el máximo tiempo posible porque las necesidades son inmensas y nuestros programas son vitales para la población. Apoyamos a cinco hospitales en la Franja, que ahora ya son solo cuatro, tres centros de salud en el sur y otro en la ciudad de Gaza. Los siguen gestionando los 1.200 trabajadores gazatís de MSF. No hay ninguno que no haya perdido a algún familiar o ser querido, pero ahí siguen, en primera línea. Ellos y ellas son realmente los héroes, quienes hacen posible que se siga atendiendo a una población tan necesitada.
¿Cómo les asiste MSF?
Intentamos garantizar su seguridad y apoyarles en remoto. Pero, mientras no se eche atrás esta nueva norma y se permita la entrada ilimitada de ayuda humanitaria, corremos el gran riesgo de que nuestras medicinas y suministros poco a poco se agoten y tengamos que vernos obligados finalmente a rescindir los contratos de estos 1.200 trabajadores y acabar con nuestras actividades.
¿Ha tenido algún efecto la orden del Tribunal Supremo israelí, del 27 de febrero, suspendiendo temporalmente el veto a esas 37 oenegés?
A efectos prácticos, es como si no hubiera sucedido nada nuevo porque, desde el 1 de enero, no puede entrar personal internacional ni ningún camión con medicamentos y suministros. Se intentó presentar una lista con candidatos internacionales para ver si nos la aprobaban las autoridades, pero, al final, el pasado 22 de marzo, les fue denegado el acceso en el último momento, y se quedaron a las puertas otra vez.
La guerra se extiende por Oriente Próximo. ¿Teme que Líbano o Irán acaben convertidos en otro Gaza?
Es uno de nuestros mayores temores. Las imágenes de los desplazamientos masivos que está provocando el avance de la ocupación del Ejército israelí en Líbano me recuerdan mucho a lo que hemos visto en la Franja. Esperemos que se revierta la situación porque, si no, nos enfrentamos a una nueva catástrofe humanitaria, a un nuevo Gaza.
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