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Educar en el desierto

La Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza coopera con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), a través de la Cátedra de Solidaridad y Ciudadanía Global, para mejorar la formación de las maestras y la enseñanza del español

Formación impartida a maestras de escuelas de los campamentos de refugiados el pasado mes de diciembre.

Formación impartida a maestras de escuelas de los campamentos de refugiados el pasado mes de diciembre. / Servicio Especial

Por razones culturales, sentimentales y, probablemente también, por el sentido de la responsabilidad histórica que pesa sobre buena parte de la ciudadanía española –en contraste con la que demuestra el Estado-, el pueblo saharaui es uno de los principales destinatarios de la cooperación internacional de la Universidad de Zaragoza. A lo largo del último medio siglo, rara es la facultad que no ha colaborado con sus campamentos de refugiados.

En estos momentos, una de las principales iniciativas la está ejecutando la Facultad de Educación, a través de la Cátedra de Solidaridad y Ciudadanía Global. Parte de su profesorado lleva embarcado en esta aventura desde el año 2020, con financiación de la Diputación Provincial de Zaragoza.

«Ahora mismo trabajamos en dos proyectos muy consolidados: la enseñanza del español como lengua extranjera y la mejora de la competencia docente de las maestras de los colegios de Educación Primaria y Secundaria de los campamentos», explica Ana Cristina Blasco, codirectora, junto a Juan Vallés, de la citada cátedra.

Ella suele hacer un par de viajes al año para supervisar en persona la marcha de los proyectos. Y hace apenas unas semanas que ha regresado del último, con su compañera de facultad, la también profesora Teresa Coma. «Hemos ido para consolidar, revisar y hacer seguimiento de la formación que se está realizando».

Pese a que los saharauis dejaron de ser ciudadanos españoles hace 51 años, para sus estudiantes sigue siendo fundamental aprender el habla de la antigua colonia. «Para ellos, es una cuestión de identidad. Su idioma es el árabe hasaní, pero también el español. Es parte de su cultura y no lo quieren perder como segunda lengua», señala Teresa Coma.

Esta profesora es la coordinadora del equipo docente de la Facultad de Educación al frente del proyecto de enseñanza del español. Su primer objetivo es actualizar la metodología, «en la línea que está llevando la enseñanza de las lenguas a nivel global», indica. En colaboración con los maestros e inspectores de los campamentos, y con el Ministerio de Educación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), han diseñado un nuevo currículum y están elaborando nuevos materiales didácticos.

Pero también preparan a los niños para participar en el proyecto Madrasa, por el que vienen a estudiar a España, acogidos por familias. «Vimos que les costaba mucho poderse incorporar a la enseñanza porque su nivel de español no era suficiente» para el curso que les corresponde. «Por eso se creó el proyecto Premadrasa, para trabajar allí en los campamentos y prepararlos mejor».

La otra iniciativa en marcha, para la mejora de la competencia docente, comenzó en 2020 con un diagnóstico participativo de la situación. «Junto a las autoridades saharauis y las maestras, pues la gran mayoría son mujeres, se vieron las necesidades de orientación, de acción tutorial, de metodologías para la inclusión... Y, de momento, nos estamos centrando principalmente en el aspecto metodológico», comenta su coordinadora, Ana Cristina Blasco.

«Trabajamos con las docentes y les llevamos materiales para acompañar estas metodologías. Y la verdad es que estamos viendo unos cambios bastante interesantes, además de muchísima implicación por parte de las participantes», añade.

«Hacemos seguimiento online. Tenemos grupos de WhatsApp con cada wilaya, que es lo más fácil. Y, de hecho, ahora mismo –apunta Blasco, en plena entrevista para preparar este reportaje-, acabo de recibir dos vídeos de cómo las maestras ponen en práctica lo que les enseñamos. En privado, les voy dando indicaciones para ir mejorando las estrategias metodológicas para la inclusión educativa y la mejora del aprendizaje».

Las escuelas de los campamentos de refugiados saharauis «venían de un gran estancamiento en la evolución pedagógica, aunque en los últimos años ha habido avances», afirma Blasco. «También hay grandes necesidades en materia de recursos humanos, ya que muchas maestras no tienen titulación oficial. Y solo cobran 50 euros cada tres meses, un sueldo tan simbólico que, si encuentran otra posibilidad de obtener dinero, ya sea en Argelia, en España o incluso en los campamentos, cambian de trabajo».

«Pero, aun así, son muy resilientes. Con lo poco que tienen, están haciendo grandes avances. Hay que pensar que han conseguido prácticamente el 100% de la escolarización, algo que muchos países no tienen», concluye Blasco.

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