Recortar mata
Pablo Martínez Osés
Justo cuando el contexto internacional demanda más cooperación internacional, los países donantes aplican el mayor recorte de la historia. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha publicado los datos de la cooperación de 2025 y el titular que dejan esas cifras es preocupante: se ha recortado un 23% respecto de 2024. En 2025, se invirtieron 174.300 millones de dólares, regresando a cifras inferiores a las de 2019.
Si observamos los datos específicos de la acción humanitaria, es decir, la respuesta para salvar vidas en situaciones de emergencia, la caída ha sido del 38,5%, lo que ha supuesto la eliminación directa de programas de asistencia. Se estima que más de un millón de personas morirán anualmente a causa de estos recortes.
La disminución del gasto en cooperación que se observa los dos últimos años coincide con el aumento del gasto militar en los países con más poder y riqueza. Con ello, se reducen las posibilidades de mejorar las condiciones de vida de millones de personas en los países del sur global.
Se cierran caminos para resolver injusticias y acompañar a las víctimas de discriminación. Menos cooperación internacional significa obturar el principal mecanismo de cohesión que existe ante la desigualdad en el mundo.
En este dramático contexto internacional, España es uno de los ocho países que no han recortado su cooperación, situándose así entre los pocos estados que siguen defendiendo el valor y la importancia de la cooperación contra viento y marea. En 2025, el presupuesto español creció un 5,8% en ayuda genuina, es decir, aquella que no incluye la inversión en apoyar a personas refugiadas en territorio nacional. Se trata de un crecimiento exiguo con el que nuestro país no va a lograr cumplir con la ley aprobada en 2023, que establece el mandato de alcanzar el 0,7% en 2030.
En 2025, el gobierno español aprobó por decreto 10.000 millones para gasto en defensa, mientras que tan solo incrementó en 500 millones el presupuesto de cooperación. Si esos 10.000 millones se hubieran dedicado a la cooperación, España no solo cumpliría de un plumazo el compromiso del 0,7% adoptado hace más de 35 años. Además, enviaría a la comunidad internacional una señal inequívoca de su apuesta por la renovación profunda del sistema de cooperación y la defensa del multilateralismo para resolver los desafíos comunes.
La cooperación está gravemente herida por los recortes de unos y por la falta de ambición del resto. Sin ella, será difícil que muchos países logren suficiente base fiscal para financiar sus servicios públicos y garantizar los derechos de sus poblaciones.
Perdemos mecanismos imprescindibles para luchar contra el cambio climático y contra las violaciones de derechos a migrantes, mujeres, indígenas o cualquiera que sufra discriminación. Quienes debilitan o desmantelan la cooperación internacional tan solo quieren dejar espacio libre a los superricos, que garantizan su impunidad en la ausencia de normas comunes.
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