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El hambre aguda se expande

El Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias de Naciones Unidas y la Unión Europea confirma el imparable aumento de la inseguridad alimentaria en los contextos de mayor vulnerabilidad del planeta, afectando ya a 266 millones de personas

Sudán es el país que atraviesa en estos momentos la peor crisis alimentaria del mundo, con 14 millones de personas desplazadas.

Sudán es el país que atraviesa en estos momentos la peor crisis alimentaria del mundo, con 14 millones de personas desplazadas. / Mallory Matheson / Acción contra el Hambre

El Periódico de Aragón

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Las organizaciones humanitarias llevan tiempo alertando sobre un alarmante retroceso de la seguridad alimentaria. Y la décima edición del Informe Mundial de las Crisis Alimentarias lo confirma: el hambre aguda se consolida y agrava y la inseguridad alimentaria afecta ya a 266 millones de personas.

En 2025, seis países y territorios registraron alrededor de 1,4 millones de personas en riesgo extremo de hambre catastrófica. Su población ha entrado en el estadio 5 de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), el sistema de referencia utilizado por Naciones Unidas y la comunidad humanitaria para evaluar las crisis alimentarias. Esto significa que el hambre aguda ya no es una amenaza futura, sino una realidad que se expande en los contextos más frágiles del mundo.

Acción contra el Hambre forma parte de este mecanismo internacional, contribuyendo a la producción y validación de los datos. La oenegé lanza «un llamamiento urgente a garantizar el acceso humanitario y recuperar la financiación necesaria» para evitar que «crisis anunciadas crezcan y se cronifiquen. El hambre es evitable», sostiene la organización, pero el Informe Mundial de las Crisis Alimentarias demuestra «que sabemos dónde, por qué y a quién va a golpear. Sigue fallando actuar a tiempo».

Por primera vez desde que existe el sistema IPC, se confirmaron situaciones de hambruna en dos contextos en conflicto en el mismo año: Gaza y Sudán, que, además, reúnen la mayor parte de estos casos. Mientras, Sudán del Sur, Yemen, Haití y Malí continúan en riesgo persistente de hambruna. El análisis evidencia que las crisis alimentarias más graves no solo persisten, sino que se están volviendo estructurales.

Los conflictos armados son hoy el principal motor del hambre aguda a nivel mundial. En 2025, 147,4 millones de personas en esta situación vivían en países donde el conflicto era el factor determinante, entre ellos, Sudán, Gaza, la República Democrática del Congo, Yemen, Sudán del Sur, Haití y Myanmar.

El hambre sigue utilizándose, directa o indirectamente, como arma de guerra, en contra de la resolución 2417 del Consejo de Seguridad de la ONU. Además, los conflictos desestabilizan los sistemas alimentarios globales, encareciendo la producción y distribución de alimentos —como vuelve a evidenciarse a través del precio del gas o el transporte- y agravando la inseguridad alimentaria incluso en países alejados de los frentes de guerra.

Y, por si esta situación ya no fuera lo suficientemente crítica de por sí, la décima edición del informe constata que el desplome histórico de la financiación y un entorno operativo cada vez más restrictivo agravan todavía más la emergencia. Desde Acción contra el Hambre denuncian que «los recortes en la ayuda humanitaria están obligando a reducir programas esenciales, justo cuando las necesidades alcanzan niveles récord».

Según datos de la OCDE, en 2025, la financiación cayó un 23%, y las previsiones apuntan a nuevos recortes en 2026. Esta reducción está obligando a suspender programas de alimentación, nutrición y salud, mientras las crisis que los hacen imprescindibles no dejan de multiplicarse.

En paralelo, sobre las restricciones que afectan al entorno operativo de los agentes humanitarios, Acción contra el Hambre señala que «obstáculos administrativos en los países receptores y mayores exigencias de control en los países donantes están reduciendo la agilidad y la capacidad de respuesta, incluso cuando existen recursos disponibles».

Además de la guerra, el desplazamiento forzoso, que a menudo es consecuencia de la primera, es otro de los principales factores de riesgo de hambre aguda. En 2025, el 86% de las personas desplazadas se encontraban en situaciones de crisis alimentaria aguda. En contextos como Líbano, con 1,2 millones de desplazados, las consecuencias son devastadoras: aumento de la inseguridad alimentaria, pérdida de los medios de vida y colapso de servicios básicos.

Para rematar, el informe alerta de una crisis de desnutrición infantil que amenaza a toda una generación. En 2025, 35,5 millones de niños y niñas menores de cinco años sufrían desnutrición aguda en los 23 países y territorios con crisis nutricionales analizados. De ellos, casi diez millones padecían desnutrición aguda grave. Y alrededor de 9,2 millones de mujeres embarazadas y lactantes sufren desnutrición aguda en 21 países.

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