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Muskilda Zancada, delegada de Médicos Sin Fronteras en Aragón: "33 millones de sudaneses necesitan asistencia humanitaria para sobrevivir"

Médicos Sin Fronteras presenta en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza la exposición 'Esperanza a la fuerza'

ENTREVISTA MUSKILDA ZANCADA

ENTREVISTA MUSKILDA ZANCADA / Jaime Galindo.

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¿A qué hace referencia ‘Esperanza a la fuerza’, el título de la exposición que Médicos Sin Fronteras (MSF) trae a Zaragoza?

Es la idea clave que atraviesa toda la exposición. Parte del hecho de que hoy, en Sudán, la esperanza no es algo opcional, sino una herramienta de supervivencia. Porque, cuando todo lo demás falla -la seguridad, el acceso a alimentos, la estabilidad...-, lo único que queda es aferrarse a la posibilidad de seguir adelante. Y así están ahora mismo los sudaneses, debido a la crisis humanitaria tan grave y devastadora que están viviendo a causa de la guerra.

¿Cuánto tiempo lleva en guerra Sudán?

En abril se cumplieron tres años del inicio de una guerra marcada por la violencia indiscriminada contra las personas, con ataques a infraestructuras civiles, incluyendo también hospitales, saqueos, inseguridad constante y desplazamiento forzado. Y todo esto se está llevando a cabo con un nivel de impunidad total y sin recibir la atención internacional suficiente. La situación humanitaria se ha deteriorado de forma alarmante.

¿Se pueden poner cifras a esta situación?

Hoy, en Sudán, más de 33 millones de personas necesitan asistencia humanitaria para sobrevivir, y más de 14 millones han tenido que huir de sus hogares a la fuerza. Muchos de ellos y ellas han cruzado a países vecinos, como Sudan del Sur o Chad, y hay otras personas que se han quedado dentro del país como desplazados internos, viviendo en condiciones muy difíciles, y en muchas ocasiones teniendo que desplazarse en varias ocasiones porque hay una violencia continua y latente, y esto está siendo una guerra contra las personas, por lo que la situación es extrema.

¿Resiste su sistema de salud?

El sistema sanitario sudanés, después de tres años de guerra, se encuentra al borde del colapso. Ocho de cada diez instalaciones están fuera de servicio. Hay hospitales que han sido saqueados, bombardeados u ocupados, mientras el personal médico ha sido amenazado, detenido o forzado a huir.

¿También resiste el personal sanitario?

Desde el inicio del conflicto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado ya más de 213 ataques contra la atención sanitaria, en los que han fallecido más de 2.000 trabajadores sanitarios y pacientes, algunos de los cuales nos cuentan que han necesitado varios días hasta poder llegar a una estructura de salud, en medio de una inseguridad continua y esta violencia, con la inseguridad que eso conlleva.

¿Cómo está respondiendo MSF?

A pesar de la inseguridad y las restricciones que estamos encontrando para llevar a cabo los proyectos, lo cierto es que los equipos de MSF y el personal sanitario sudanés están trabajando y siguen demostrando una dedicación extraordinaria para dar asistencia donde más se necesita.

¿Qué tipo de casos atienden?

Nos estamos centrando en la atención a personas heridas por la violencia y a víctimas de violencia sexual, que también son víctimas directas de la guerra, y en consultas médicas de urgencia. También estamos dando respuesta a brotes epidémicos de enfermedades prevenibles, como el sarampión o el cólera, ya que las campañas de vacunación se han visto interrumpidos en estos tres años, y a eso se suman unas condiciones de vida muy extremas en los campos de desplazados, con un acceso al agua y el saneamiento muy restringido.

¿Qué ocurre con las personas que se ven indirectamente afectadas por la guerra?

Atendemos con programas de salud materno-infantil para que una madre pueda seguir teniendo un parto seguro a pesar de la guerra. Otro problema es el aumento de la desnutrición infantil, vinculada a la inseguridad alimentaria consecuencia de la pérdida de las condiciones básicas de vida y del medio de sustento, junto con una gran limitación de las oenegés para operar, y estamos respondiendo en la medida de nuestra capacidad.

¿Mientras actúan así sobre el terreno, tratan de sensibilizar a los aragoneses con una exposición?

Sí, es una instalación itinerante que combina información, testimonio y tecnología inmersiva, con la que queremos invitar al público a acercarse a Sudán a través de su cultura y sus tradiciones, pero también de la realidad que está viviendo su población en medio de la guerra. Con ella buscamos alertar de la mayor crisis humanitaria y de desplazamiento del mundo.

¿Colabora algún artista sudanés?

Sí, hay una pieza central que es una experiencia de realidad virtual, y que narra la historia de Mohammed Dafallah, anestesista de MSF que se vio obligado a huir de Darfur por la guerra y ahora trabaja en un campo de refugiados en Chad. Creada junto al estudio Blit, cuenta con la colaboración del pintor Rashid Diab y la cantante Alsarah, ambos sudaneses, y combina ilustración 3D y vídeos 360º. Lo que queremos es sumergir a los visitantes en la vivencia de quien tiene que huir de la guerra.

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