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La solidaridad empieza ahora

Tras la emergencia inicial, y agotadas las posibilidades de encontrar supervivientes entre los escombros, los venezolanos afrontan ahora el desafío de recuperar de unas condiciones dignas de vida, fase en la que se van a volcar las oenegés aragonesas.

Una trabajadora de Acción contra el Hambre entra en un asentamiento de supervivientes en La Guaira, una de las localidades más afectadas por los terremotos de Venezuela.

Una trabajadora de Acción contra el Hambre entra en un asentamiento de supervivientes en La Guaira, una de las localidades más afectadas por los terremotos de Venezuela. / Servicio Especial

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Cuando apenas se podían intuir todavía las proporciones del desastre humanitario causado por los dos terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 25 de junio, muchos corazones temblaron también a miles de kilómetros, en Aragón. Primero, los de la numerosa comunidad venezolana asentada en la comunidad autónoma, pero también los de los muchos aragoneses con vínculos afectivos en el país.

Entre estos últimos se cuentan los cooperantes. De las muchas oenegés de la Federación Aragonesa de Solidaridad (FAS) que llevan décadas trabajando en Venezuela, las primeras en movilizarse fueron las expertas en ayuda humanitaria de emergencia.

En cuanto supieron de los seísmos, comenzaron a movilizar recursos para responder de forma rápida y coordinada a las necesidades más urgentes. Médicos del Mundo, Oxfam Intermón, Entreculturas, Manos Unidas, Cruz Roja, Cáritas, Bosco Global, Farmamundi y otras oenegés asentadas en Aragón se pusieron manos a la obra, amplificando el llamamiento de la FAS «a la ciudadanía aragonesa para mostrar su solidaridad con Venezuela en la ayuda inmediata, crucial para salvar vidas».

Pero, dos semanas después de los temblores, la emergencia ha entrado ya en una nueva fase. Una vez finalizadas las labores de búsqueda y rescate, miles de familias se enfrentan a la necesidad de recuperar unas condiciones de vida dignas tras haber perdido sus hogares, sus pertenencias y, en muchos casos, a sus seres queridos.

«El principal reto ahora es proteger la salud y la dignidad de quienes lo han perdido todo», explica Benedetta Lettera, responsable de Operaciones para América Latina de Acción contra el Hambre. «Nuestra prioridad es asegurar comida, agua, condiciones de higiene y apoyo psicológico, especialmente a mujeres embarazadas y lactantes y otros grupos en situación de mayor vulnerabilidad», apunta.

«Nuestro objetivo es garantizar un acceso sostenible a agua segura y habilitar infraestructuras básicas para evitar que esta crisis derive en nuevos riesgos para la salud pública», añade su compañera Angie Rivodo, responsable de Agua, Saneamiento e Higiene de esta oenegé en Venezuela.

Por eso, la FAS pide ahora a los aragoneses «un compromiso a medio plazo que ayude al pueblo venezolano a recuperarse de las terribles consecuencias de los terremotos». Y una buena forma de hacerlo es colaborando a través de organizaciones aragonesas que llevan años cooperando en Venezuela con una solvencia más que demostrada, como es el caso de la Fundación Isabel Martín.

«A muchas personas les resulta más cómodo hacerlo a través de nosotras por confianza», valora Paz Aragüés, patrona de esta oenegé, que sostiene programas de cooperación en el país caribeño desde hace nueve años. «En cuanto supimos sobre el terremoto, nos pusimos en contacto con nuestra contraparte local, el Centro de Promoción Integral del Niño (CEPIN), que se encuentra en Maracaibo. Ya sabíamos que no se había visto afectada», porque su sede se encuentra en una zona alejada del epicentro de los temblores, «pero queríamos asegurarnos de que todo estaba bien, y también expresar nuestra solidaridad con el país», explica.

La Fundación Isabel Martín colabora desde 2017 con el CEPIN, recurso comunitario del barrio marabino de Etnia Guajira creado para responder a las necesidades de nutrición y alfabetización de la infancia. Entre otros proyectos, la oenegé aragonesa ha proporcionado agua potable al barrio y puesto en marcha unos huertos familiares, con la colaboración de otra oenegé aragonesa, CERAI, que hoy continúan garantizando la soberanía alimentaria de los vecinos y proporcionándoles ingresos extra.

Y aunque Etnia Guajira no se ha visto afectado por los seísmos, la fundación no ha querido mantenerse al margen de la catástrofe. La entidad no tiene una línea de actuación ante catástrofes naturales, pero, como explica Aragüés, «solemos crear fondos de contingencia para este tipo de desastres y canalizar la ayuda a través de dos oenegés con las que colaboramos siempre, Cáritas y Cruz Roja. Tenemos total confianza en ellas, puesto que, cada vez que lo hacemos, nos justifican perfectamente cómo utilizan los donativos».

Se puede colaborar a través de https://fundacionisabelmartin.es/donar/, poniendo en el campo ‘observaciones’ la palabra ‘Venezuela’. Y, en la web de la FAS, hay un listado con todas las oenegés aragonesas que ya están actuando sobre el terreno, que también necesitan donativos.

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