Josep Piqué cerró ayer su campaña con un llamamiento a los 800.000 catalanes que apoyaron al PP en las elecciones generales de marzo del 2000 (exactamente fueron 763.982), para que también confíen en su partido cuando se trata de Cataluña. "Que no se queden en casa", dijo.

Con este mensaje, el candidato del PPC intentó romper la barrera que separa las generales, en las que "uno de cada cuatro catalanes" votó a los populares, de las autonómicas. En las catalanas de 1999, recibieron el apoyo del 9,3% de los electores, es decir, 300.000 votos. Piqué pidió un esfuerzo para salvar esta diferencia.

El candidato conservador advirtió de que el PP es la única garantía de moderación frente a las "aventuras" soberanistas de CiU y ERC y del "Gobierno a la balear" que supondría un pacto del PSC, ERC y "los comunistas", de los que dijo que su principal interés es subir los impuestos "por joder".